lunes, 2 de marzo de 2015

El dentista, ese encantador torturador (por Ana)



Con extraordinario estupor, descubrí, en la parada del autobús, que un agujero enorme se había adueñado de una de mis muelas... ¡Dios mío, espera! si pasaba la lengua por la muela justo enfrentada a la agujereada, podía meter la punta en otro pedazo de hueco. Estoy segura de que si me hubiera visto desde fuera me hubiera horrorizado de las muecas y caras extrañas que iba poniendo mientras la lengua dentro de mi boca viajaba de uno a otro diente, de una muela a la otra, para comprobar el estado de cada una de las piezas dentales que pueblan el interior de mi cavidad bucal.

Toda mi vida, de repente, pasó por delante de mí, con sus buenos y malos momentos. Un sudor frío me invadió y sentí que las piernas se me volvían gelatina: ¡¡Tenía que ir al dentista!! Unos tienen fobia a las arañas, otros a la oscuridad, incluso, hace poco, leí que un famoso lo tenía a los percheros, pero no recuerdo quién era... pero no nos desviemos, yo tengo fobía a los dentistas. De ahí mis agujeros de empastes saltados hace tiempo y no arreglados. Por suerte, la naturaleza me dotó de una fuerza dental maravillosa y no he perdido piezas ni a simple vista se nota que pueda tener algún problema por el que visitar al especialista. Me cuido, me lavo, le presto la atención debida, pero hace años que no voy al odontólogo, no lo soporto. Recuerdo mis últimas experiencias con endodoncias, empastes mal puestos, dolor, sufrimiento, clavitos que matan nervios, etc... y la sangre se congela en mis venas.

Pasaron dos autobuses y yo seguía urgándome, recreándome en el dolor que ese examen me provocaba. Finalmente, me tranquilicé y conseguí llegar, media hora tarde, eso sí, a mi trabajo. Una vez allí, una compañera cotilla me soltó nada más verme: "a ti te pasa algo, vaya cara de mierda que traes. Nena, te lo tengo que decir, deberías maquillarte mejor por las mañanas" Lejos de pegarle el puñetazo que en mi mente ya le había abierto la cabeza, me puse a llorar como una loca y a contarle mi problemón: ¡¡¡Tenía que ir al dentista!!! Ella me intentó consolar, me llevo a mi mesa de trabajo y, como buena cotilla, fue a expandir la causa de mi pesar por toda la oficina. A medio día tenía sobre mi ordenador cuatro postis con sus respectivos 4 números de teléfonos de reputados especialistas en esto de la boca.


Elegí uno al azar y, tras comer y meterme dos cervezas y un chupito de whisky para darme valor, marqué el número escogido. Me citaron para el día siguiente, a dios gracias, porque si aparezco esa misma tarde con el alcohol que había ingerido, posiblemente no les hubiera hecho falta ni anestesiarme.

Os voy a ahorrar el sufrimiento de conocer mis esfuerzos para llegar a la consulta, sólo decir que mi madre me acompañó hasta la puerta y una vez que me metió dentro, me puso en manos de una enfermera y corrió a curarse la mano que le había machacado agarrándome para no entrar. La enfermera, con disimulo, echó el cerrojo de la consulta y me situó en un lugar de la sala de espera que ella podía controlar desde la centralita.

Cuando me llegó el turno de entrar, la amable chiquilla me empujó todo lo fuerte que pudo y me metió en la habitación donde reinaba el sillón del horror, con todos esos aparatos creados en la época de la Inquisición española, todos ellos perfectamente diseñados para hacer sufrir. De repente, me veo sentada (no me preguntéis cómo, porque no lo sé) y frente a mí aparece un hombre que parecía sacado del mismo olimpo de los dioses. En serio, no se podía ser más masculino, destilar más testosterona, tener unos rasgos más masculinos, unos rizos negros perfectamente adecuados, un cuerpo más masculino... ¿os he dicho ya que me pareció muy masculino? Era el dentista... Y en ese momento sí que tuve miedo. Con mis casi 40 años, tengo perfectamente claro que un hombre así sólo puede hacer daño... y encima era dentista, era como el colmo de los colmos. Un hombre tan guapo, que parece un ángel varonil, no puede traer nada bueno a una mujer de mi edad... y yo estaba, literalmente con sus manos en mi boca, con mi vida en sus manos.


Tras el primer amago de mordisco, consideró que era mejor intentar tranquilizarme antes de volver a meterme mano (en el mal sentido de la expresión) Me explicó que las cosas habían cambiado mucho, que ya no dolía nada de nada, que la cienca avanza que es una barbaridad... y cuando pensó que me había convencido, me arreó el pinchazo de anestesia. La verdad es que yo llevaba un tiempo embobada con sus ojos. Ni había escuchado lo que me había dicho, solo le veía mover los labios y me daban unas ganas tremendas de pegarle un bocadito y luego darle un beso de los de película.

De eso se aprovechó el bribón, cuando me quise dar cuenta, había acabado con la endondoncia y lo cierto es que no me había dolido nada de nada. No puedo asegurar si fue la anestesia o el flechazo, pero lo cierto es que estaba fenomenal.

Me levanté del sillón de la tortura y mi dentista, muy amable, me dijo que tenía que volver la semana que viene para terminar con el proceso. Me vine abajo, una cosa era que no me hubiera dolido, y que el doctor fuera como George Clooney en mejorado, pero no quería volver.

Arrastrándome llegué a la parada del autobús, y una vez dentro, y con gran estupor, ví a mi ángel odontólogo correr para coger el que se escapaba. Subió y se sentó a mi lado. Me sonrió. Hablamos durante todo el trayecto, hasta que yo me bajé antes que él. Y antes de irme, él dijo algo que me devolvió la ilusión por la próxima visita a la clínica: "cuándo tengas las muelas perfectas, estaría bien estrenarlas y celebrarlo cenando algo en algún sitio bonito, ¿no te parece?"

domingo, 22 de febrero de 2015

Malos sueños (por Arantxa)


Llevo una racha en la que duermo bastante mal, descanso poco, aunque duerma las horas suficientes. Tengo sueños tremendamente vívidos e intensos que me dejan agotada. Esta noche pasada me he despertado literalmente empapada en sudor, tras un sueño potente.

Claro que el descanso -no necesariamente el nocturno, pues puede suceder en un ratito de siesta- a veces me ha deparado experiencias mucho peores. Hace dos semanas, mientras me eché un rato con mi niña, que estaba con fiebre, tuve un episodio de parálisis del sueño. Lo había sufrido antes, en épocas de mucho estrés, y sé que no soy la única, aunque hay gente que no sabe ponerle nombre. Es una sensación espantosa, porque notas que estás despierta a nivel cognitivo, pero no puedes mover los músculos, abrir los ojos o articular palabra. Sucede cuando se pasa de un estado de sueño a vigilia o al revés. En mi caso ha sido siempre lo primero, en los despertares. Provoca mucha angustia no poder mover ni un dedo cuando estás despierta o en esa tierra de nadie que parece el tránsito al despertar. Al final, abrí los ojos con una sensación de inmenso agotamiento.

A pesar de ser una persona obsesiva con las enfermedades nunca lo he consultado con un médico. No creo que haya pastilla alguna sin peligrosos efectos secundarios que pueda modificar ese estado -si es que existe- ni que haya solución concreta. Como resulta que a veces si es bueno contrastar síntomas en internet, cuando comenzó a sucederme leí foros de trastornos del sueño en los que se aconsejaba evitar dormir boca arriba para no sufrir un episodio de parálisis y, en caso de que llegue, relajarse. El despertar muscular, al fin y al cabo, va a llegar, aunque esos momentos de inmovilidad se hacen eternos.

Desde que tuve esta última mala experiencia de mi yo durmiente, me meto en la cama con cierta aprensión, con temor a que me vuelva a suceder. Voy a empezar a sentirme como los personajes de la película "Pesadilla en Elm Street", que no querían dejarse vencer por Morfeo, porque durmiendo Freddy Krueger les echaba la zarpa. Al lado de la parálisis del sueño, Freddy es un bromista inofensivo.

lunes, 16 de febrero de 2015

Compañeros de trabajo (por Chelo)

Compañeros de trabajo...

... y sin embargo amigos, podríamos decir.

Ilustración cogida de: https://bitacorailustrada.wordpress.com/2011/03/20/ahora-si-empieza-la-vida/

Hubo un tiempo en que las “listas” eran mi punto fuerte en el blog. Las tengo abandonadas no, lo siguiente, así que me animo a retomar esta buena práctica de clasificar elementos de nuestro entorno con esta temática tan jugosa: compañeros de trabajo.

Ni que decir tiene que todos estos seres (normalmente humanos) que paso a describir son producto de la más pura ficción "amigos de amigos". Así que cualquier parecido con la realidad es simple coincidencia. Aclarado lo cual, allá vamos.

1) El Arturo Vals de turno. A este lo conocemos todos. Este tipo siempre está en el área comercial ¿qué pasa en ese departamento que siempre atrae cual imán al más guay de entre los guais? Todo lo ha experimentado. Presume de coche y te cuenta, por supuesto, cuanto le ha costado. Presume de comer en restaurantes carísimos a cuenta de la empresa, presume de virilidad, presume de llevar los pantalones en su casa, presume de todo lo presumible y más. He de decir que no he conocido a ninguna mujer comercial que responda a esta descripción, no diré más.

2) El sabelotodo. ¿Os acordáis de la teoría del Pelm? Pues sí, este responde al pelm-sabelotodo: "este individuo, generalmente hombre, es capaz de hablar de lo que sea, siempre sabe más que nadie, más, mejor y más grande (¿será una frustración?)."

3) Bob el silencioso. Si un día no viene, nadie se da cuenta, porque va siempre con tanto sigilo por la oficina que nunca sabes si está o no. Nadie sabe cuándo ha llegado ni si se ha ido a casa ya. Este es el compañero ideal de despacho, a la fecha no he tenido la suerte de sufrirlo, pero sé que existe y que la gente se lo rifa.

4) El llorica. Toooooodo el día llorando, quejándose de cuanto trabajo tiene, de lo poco que gana, de lo tarde que sale, de lo mal que le trata su jefe, ¡de TODO!! Hijo, pues si tan mal estás, cámbiate de trabajo y déjanos vivir.

5) El aspirante a Director General. Este es mi ídolo. Siempre queda bien, pero nunca hace nada, siempre está "ocupado". Si algo sale bien, es por él, si algo sale mal, él no ha tenido nada que ver. Un crack.

6) El en-marronador o el San Cayetano. A este le temo como al demonio. Mejor no pasar por la puerta de su despacho a menos de 5 metros porque es cuando aprovecha para llamarte "¿puedes venir un momentito?" "¿un momentito?" qué gran frase, se me retuercen las canillas cada vez que la oigo porque ya se que ese momentido se va a convertir en horas y horas de trabajo...

7) El sindicalista. Este no necesita mucha descripción. Yo en el fondo creo que todos deberíamos tener un porcentaje de este tipo en las venas, porque se puede ser muy buen empelado, fiel a tu empresa, comprometido con el proyecto y a la vez no dejar que luchar por lo que es justo en términos de condiciones laborales. El equilibrio es complicado y lo que normalmente encuentras es o bien gente que sólo sabe pedir o bien gente que no es capaz de reclamar lo que le corresponde.

8) El doble cara o también conocido como "más falso que el flequillo del Dioni" o cómo he oído recientemente "más falso que un amigo del Facebook". Delante tuya es todo simpatía, alabanzas, buen rollito... por detrás te pone la zancadilla cada vez que puede y si está tu jefe delante, pues más, un cabronazo, vamos.

Seguro que me dejo tipos por el camino ¿alguno que queráis añadir a la lista? ¿Os sentís identificados con alguno? ¿Aunque sea sólo un poquito?

PD: ¿Alguna vez os han dado de hacer algo como lo de este vídeo? jjjjj






miércoles, 11 de febrero de 2015

Carnaval con Uma Thurman (por Isa)


Pues ya estamos entrando en Carnaval, la fiesta pagana por excelencia... y una de mis favoritas. Es la época del año más asociada al descontrol, a la libertad y al gozo. En una sociedad como la nuestra, de tradición cristiana en la que cuesta encontrar festividades que no estén asociadas a santos, a vírgenes, a mártires y a otra gente con túnica, llagas e historias vitales colmadas de desgracias, el carnaval es todo un oasis.

Ahora ya da un poco igual, porque nadie ayuna por motivos religiosos si no más bien con fines estéticos, pero en su momento, esta fiestuki a modo de bacanal previa a la cuaresma tenía su importancia. Imaginaos en plena Edad Media, con la Inquisición por ahí merodeando y esa rígidez, unos cuantos días de disfrutar de los placeres terrenales en los que las autoridades morales hacían la vista gorda no eran moco de pavo.

Desde el Mardi Grass de Nueva Orleans, a la gran fiesta de Río de Janeiro, pasando por el Cádiz chirigotero o la elegante Venecia, el Carnaval es momento de desmadre, de música en la calle, de charanga, de chufla y chiste, de disfraces, de máscaras... y es precisamente a una máscara a lo que me ha recordado el nuevo rostro de Uma Thurman, algo que ya me pasó con el careto irreconocible de Renée Zelweger



"Ya estamos en Carnaval" pensé cuando me enseñaron ayer la foto de la rubia de 'Kill Bill'. Pero luego ví que no, que, una vez más, las redes sociales y los medios de comunicación -hasta los "serios"- ardían con críticas a la actriz por haber dejado su jeta en manos de un cirujano sin escrúpulos... ni el más mínimo atisbo de tolerancia, de comprensión, de permisividad, de condescencia... no, no había nada carnavalesco en el tema de la cara de la Thurman. Solo mofas y censuras en boca de los sienta-cátedras de turno.

Hace bastantes años, yo misma estuve a punto de pasar por un quirófano para acabar con la que creía la causa de todos mis males: mi nariz. Los complejos, la falta de autoestima, la inestabilidad emocional me empujaron a la consulta de un cirujano de narizota prominente y ostentosa que trató de convencerme de lo mejorable que era mi cara y que, por el contrario, consiguió que saliese de allí decidida a no operarme en mi vida.

No sé si ese mismo estado mental, tan poco recomendable para tomar decisiones racionales, es el que ha guiado a la célebre Mia Wallace hasta el bisturí o no. Lo que si sé es que ni yo ni nadie tiene derecho a juzgarla por ello... y mucho menos estando en Carnaval. Cada cuál que se disfrace de lo que quiera.


lunes, 19 de enero de 2015

Mentiras piadosas (por Ana)



Cuando Pablo y yo empezamos a salir, hacía como 5 meses que él se había separado. Una relación larguísima, más de 14 años, con una niña de dos por medio... vamos, que le pillé un poco rebotado con el tema del amor, el compromiso, el romanticismo... Y ya sabéis, que al principio siempre intentas dar lo mejor de ti para que el otro piense que eres la persona más maravillosa del mundo y que no te puede dejar escapar de ninguna de las maneras, así que le escuchaba decir que el amor siempre acaba, que la pasión dura lo que dura, y ese tipo de cosas, con cara de interés y comprensión mientras por dentro pensaba: "tengo que dejar a este tío hoy mismo, vaya peñazo es con el tema de las relaciones"

Por hache o por be, nunca le dejaba, y seguía quedando con él, acostándome con él, viviendo con él, pero pensando que solo era un rollo temporal porque, total, el hombre había sido sincero y ya me había dejado claro que no creía en el amor, que no se iba a volver a enamorar y mucho menos comprometerser. Una de mis amigas Im-Perfectas, Isa, fue testigo de todo este proceso y de como, cuando llegaba mi cumpleaños, dos meses después de "enrollarme" con Pablo y de no salir de su casa un solo día, de separarnos solo para ir a trabajar (literalmente), me preguntó: "¿cómo vas a celebrar tu cumple con tu nuevo novio?" ¡¡¿¿¿Novio???!!! yo le contesté que ni de coña, que ese tío no estaba preparado para esas cosas y que esto no llegaba a Navidades. El día de mi cumpleaños (12 de diciembre) recibí de regalo unos pendientes preciosos, los más bonitos que he tenido nunca, una cena maravillosa y dos días metidos en su casa disfrutando el uno del otro... Es más, mi madre, como tenía llaves de mi piso, el mismo día de mi cumpleaños, fue allí y me dejó los regalos preparados con la calefacción puesta y unas flores para cuando llegara. Como pasaron dos días y yo no le decía nada, ya me preguntó preocupada: "¿hija, dónde estás?", y yo contesté, tranquilamente: "Saliendo de mi casa..." La carcajada de mi madre aún se escucha en el eco de las montañas... Ya me dijo: "anda, bonita, vete un momento a tu casa y apaga la calefacción, que te va a venir un recibo de luz que ni te imaginas, y las flores tienen que estar ya para la basura..."

Este proceso de negar la evidencia duró como un año... Vuelvo a remitirme a Isa cuando me preguntaba en febrero si me iba a ir de vacaciones con él en Semana Santa y yo le decía que para esas fechas ya no estaríamos juntos (viaje inolvidable a Barcelona). Vuelta a pregunta y respuesta en verano (Amsterdam)... hasta que, supongo, no me acuerdo, me mandaría a la mierda y me diría que pasaba de mí y mis historias mentales.

La cuestión es: ¿por qué me negaba yo a lo evidente? ¿Por qué él seguía diciendo que no viviamos juntos aunque hubiera más ropa mía en su casa que en la mía, aunque yo no pasara por mi residencia en meses, aunque todos nuestros conocidos y amigos (no familia, recordemos que esto era solo un rollo) tenían claro que éramos una pareja superestable? Yo tengo clara la respuesta y lo he hablado con él, mientras he podido, y él me lo ha negado con una medio sonrisa y tan poco convencimiento que hacía que acabesemos riéndonos sin parar: él me contaba mentiras piadosas. Mentiras que intentaba creerse él para no volver a verse involucrado en una relación romántica. Mentiras que me contaba a mí para no hacerme daño, para que no me hiciera ilusiones, para ser legal conmigo... Mentiras piadosas que a mí, ciertamente me sobraban, yo en ese momento tampoco creía que esa relación fuera a ninguna parte...

Como decía, al principio de toda relación te mantienes en tu sitio, finges que el otro siempre lleva razón, aunque no sea así y tú lo sepas (que queremos quedar bien, no volvernos esquizofrénicos)... pero a las pocas semanas, ya empiezas a disentir, a discutir... Y en esos momentos fue cuando le empecé a cortar, cuando empecé a decirle que dejara de aleccionarme sobre el amor y sus consecuencias y que me olvidará cuando quisiera despotricar sobre lo poco que dura la pasión y lo difícil que es la vida en pareja. Él se quedó blanco al principio, pero sirvió para que se relajara. Le dije que yo lo tenía todo clarísimo y que yo tampoco quería casarme con él (ja,ja,ja) ni que estuviésemos juntos hasta la muerte (doble ja,ja,ja). Le puse la canción de Joaquín Sabina que os pongo abajo y, a partir de entonces, cada vez que empezaba con su rollo, se la plantaba. Y en ese momento empezamos a disfrutar. Y a relajarnos... y a ser una pareja en la que no hacían falta mentiras piadosas.

Nuestra relación duró 11 años, dos y medio casados, cuatro durante los cuales él estuvo muy enfermo y yo permanecía a su lado día y noche, las 24 horas del día... Nuestro amor solo lo rompió la muerte. Menos mal que ninguno de los dos pensábamos que esto fuera a ninguna parte... Menos mal que ninguno de los dos éramos románticos y creíamos en el amor verdadero... menos mal que la pasión acaba al año de conocerse... Menos mal que todo, al fin y al cabo, eran mentiras piadosas.





martes, 13 de enero de 2015

¿Nos reímos o no? (por Isa)

"Franco va a reventar. Olé" Portada de 1974 de Charlie Hebdo

Empecé el año en París y he vuelto (una vez más) fascinada por la ciudad de la luz, a pesar del frío, de la masificación navideña y de los exorbitantes precios de todo. París es un símbolo para todos los occidentales. Para los americanos es la capital de Europa. Para los europeos es la imagen de la libertad - lo de la igualdad y la fraternidad, no lo tengo ya tan claro- pero lo que no se puede dudar es que sin la revolución francesa que se fraguó en sus calles hoy no seríamos como somos. Por eso, los atentados de la semana pasada duelen como si hubiesen sido en casa, porque no deja de ser una afrenta a nuestra forma de hacer las cosas.

Me había dicho que no iba a escribir sobre esto, porque me daba pereza -ya he discutido con unos cuantos por este tema- y porque últimamente no se habla de otra cosa, y al final, cuando se manosea tanto algo acaba insípido como un chicle al cabo de media hora de masticarlo. Y me da rabia. Creo que la cosa da de sí y tiene suficiente importancia como para que no pierda el sabor, y la fuerza. La terrible irrupción de unos asesinos en la redacción de la revista francesa Charlie Hebdo se saldó con 12 muertos y cuatro heridos, y ha provocado reacciones de diversos tipos y con muchas aristas.

Lo primero, la torticera e ignorante asimilación del terrorismo islamista con Islam en general y con lo musulmán en particular. Quien mata en nombre del Islam no lo representa. Hay millones de musulmanes pacíficos que lo censuran. Esto, que parece obvio no acaba de entrar en muchas molleras.

Después fue la solidaridad generalizada hacia las victimas por parte del mundo occidental y de gran parte del oriental con las consabidas soflamas de 'Je Suis Charlie' que también han generado controversia. Y esto es lo que más me interesa.

Se ha presentado el tiroteo del pasado miércoles 7 de enero como un atentado a la libertad de expresión, la muerte  como método definitivo de censura y muchos han usado el 'Je Suis Charlie' como protesta contra esa libertad de expresión herida. De ahí han surgido algunas voces que critican dicha iniciativa porque no se identifican con la revista satírica, a la que acusan de blásfemaxenófoba, de colonialista y de incitar al odio. Otros en cambio, defienden la revista como un medio de humor valiente y transgresor que se atreve a reirse de lo que nadie más se ríe. Y ahí va la cuestión, ¿hay que poner límites al humor? ¿qué clase de límites?

Reconozco que no he sido una gran seguidora de Charlie Hebdo, y que ha sido ahora cuando me he puesto a repasar sus contenidos gráficos para descubrir que cargan contra tó quisqui (cristianos, judíos, franceses, americanos, árabes, españoles...) y que al hacerlo así, sin tapujos e indiscriminadamente, habitualmente ofenden. Es lo que tiene el humor negro, practicado aquí por revistas con solera, como El Jueves, y otras más recientes, como Mongolia o El Mundo Today. A veces me hacen gracia, otras me parece que rozan el mal gusto y alguna vez incluso me he sentido ofendida...

Pero, ¿habría que restringir este tipo de publicaciones? ¿acotar el humor?

Es complejo, pero yo creo que no... siempre que haya un motivo. Creo que el riesgo de la ofensa no puede ser gratuito (si se critica algo que sea por alguna razón, no porque sí). Satirizar forma parte de nuestra forma de ser, reirse de las cosas es una muestra de progreso, de avance, de inteligencia... Hace poco me dolió lo que creí una burla hacia alguien a quién aprecio mucho, y ese alguien me dio una lección: lejos de ofenderse, se rió. Y es que la risa es el mejor mecanismo contra el miedo. Y el más natural.

miércoles, 31 de diciembre de 2014

Salud y felicidad para todos

El 2014 ya se acaba, podemos reflexionar si ha sido un buen año o uno de los malos, para cada im-perfecta ha sido diferente y hemos tenido de todo. Es bueno hacer balance y ver que cosas podemos hacer para conseguir estar donde nos gustaría estar, aunque no siempre está todo en nuestras manos, ser consciente de que lo que uno quiere es el mejor punto de partida para construir aquello que queremos lograr.

Desde este im-perfecto blog os deseamos para el 2015 salud, mucha. También felicidad, muchísima. Que lo disfrutéis con los vuestros, familia y amigos. Qué no os falte el trabajo.  Qué tengáis oportunidad de descubrir destinos mágicos. Qué llevéis a cabo esos proyectos pendientes que tanta ilusión os hacen. Qué os apuntéis a ese curso que tenéis en la cabeza hace tanto tiempo. Qué no dejéis para el 2016 lo que podáis hacer en el 2015.

Y si os queda tiempo y ganas, apuntaos al gimnasio, a patinar, a pasear o a correr por el parque, algo habrá que hacer con todo lo que hemos engullido estos días ¿no?

¡Feliz 2015 gentes!