martes, 18 de noviembre de 2014

El cuerpo (por Isa)

En 1965, TIME definía así el cuerpo perfecto (vía Ana)
A todas nos gusta estar guapas y sexys, que el sexo masculino nos mire con buenos ojos (y en bastantes ocasiones también el femenino) ¿A quien no le gusta gustar? No es malo querer sentirse deseada, de hecho es bastante positivo. Alimenta la autoestima, que no es moco de pavo en los tiempos que corren donde el talento se paga mal y poco, y el estrés nos acosa para que no disfrutemos del tiempo con la gente que nos hace felices.

A mí me encanta gustar. No lo voy a negar. Y he tenido la suerte de pasar por rachas en las que veía mis deseos satisfechos. Gustaba. Y sin mucho esfuerzo, lo que es fundamental. La biología me regaló lo que otras suplen con paciencia y arte, de los que yo carezco. Pero, amigos, el metabolismo favorable no es jauja y a mí me gusta comer aún más que gustar así que hace ya un tiempo que la balanza se decantó por la gastronomía. C'est la vie!

Mi caso no es excepcional, conozco a muchas más como yo: les gusta estar buenas pero sin tener que hacer mucha floritura. Pero también conozco bastantes que viven en una tortura constante, sometidas a la ciencia del cálculo de calorías, matándose en el gimnasio para que no se les caiga el culo o para repeler a la temida Celulitis (esta sí que es una bruja chunga, y no la Maléfica).

En parte, como ya se ha dicho muchas veces, la culpa de esto la tiene el canon de belleza femenino actual fomentado en las pasarelas con jovenzuelas que parecen extras de Walking Dead, famélicas y paliduchas. Pero yo quiero además apuntar a un responsable tecnológico, un arma poderosa que ha caído en manos del Mal causando estragos entre las maltrechas autoestimas de las féminas en edad de merecer: el Photoshop.

Y es que con más o menos carne, las jamonas, siempre han tenido su público. Tener de donde agarrar es un valor clásico, que no pasa de moda, y estar dotada con unas buenas domingas (de todos los sustantivos, ahora me apetecía usar este) se cotiza al alza desde la Prehistoria. Pero la dichosa perfección del retoque a ordenador es una canallada sin precedentes. No se permite ni una mancha, ni rastro de la infame piel de naranja, ni un vello en lugar indebido, ni una puta estría...

Fuente: Las Mil Vidas

Pues bien, descubrí esta foto en el blog de mi compadre de juegos musicales buenrolleros, Las Mil Vidas. Fíjense bien. Observen sin pudor a esta magnífica señora. Un ejemplar de hembra descomunal que fue apodada como "el cuerpo" durante décadas, uno de los mayores sex-symbols de los 70, doña Raquel Welch. ¿No le ven nada raro? Focalicen en la cadera y en el muslo y detectarán im-perfecciones a las que últimamente no estamos acostumbrados, obra y virtud del Maligno Instrumento del Terror.

Desde aquí, quiero hacer un alegato a la im-perfección: a la ceja mal perfilada, a las uñas mordidas, al pelamen salvaje del potorro, a la estría en el culo tembloroso, a las ojeras, a la arruga, a los labios finos, al diente tordido... Si Raquel Welch lo asumía, ¿por qué no los demás? ¡Y abajo el Photoshop!

lunes, 10 de noviembre de 2014

El suelo femenino (por Arantxa)

España es uno de los países del mundo en el que mayor número de operaciones de cirugía estética se practican. Los retoques más solicitados siempre han sido nariz, pechos y la famosa liposucción, pero ahora cada vez se demanda más la cirugía genital femenina. Hay incluso tratamientos que prometen, gracias al láser reducir el diámetro de la vagina y devolver la fuerza perdida, ya sea consecuencia de los partos o de la edad, a la zona. Yo no me metería en un quirófano salvo por cuestión de fuerza mayor, pero la cirugía genital es una realidad que se va asentado en nuestro país.

Además del paso del tiempo y sus inevitables consecuencias, también, en la zona que nos ocupa, tras los partos los genitales femeninos sufren cambios estéticos y fisiológicos importantes. Es algo de lo que hace 40, 30 o 20 años no se hablaba. Por ese estúpido tabú que envuelve a todo lo que tenga que ver con ciertos aspectos del universo femenino -más si es el ámbito de la sexualidad- desde la primera menstruación. A propósito de la regla, recuerdo que la mayoría de mis compañeras del colegio en el que curse hasta COU referían “estar malas” para hablar de sus periodos, pero yo siempre he dicho “estoy con la regla”. Mala, en mi diccionario, era y es todo lo que suponga un proceso bacteriano o vírico, lo otro puede ser bastante molesto, pero en ningún caso una enfermedad.

Los tabúes absurdos están para romperlos, la medicina avanza sin  freno y por eso cada vez son más las unidades de recuperación del suelo pélvico en hospitales y clínicas españoles. El suelo pélvico es un delicado sistema de músculos que sostienen la vejiga, el útero y el recto, de ahí su importancia, cerrando la cavidad abdominal por su zona inferior, de ahí su nombre. Tiene que tener un tono muscular adecuado para prevenir problemas como la incontinencia urinaria, fecal -horror, que ha escrito está mujer, palabra maldita, fea, escatológica, y sin embargo les ocurre a algunas mujeres, me comentó la ginecóloga, aunque era más frecuente antes, cuando las mujeres tenían más hijos- y porque mejora las relaciones sexuales. No es un mal menor ni cuestión baladí, es algo que cada vez preocupa y ocupa a más ginecólogos, y por eso las unidades de recuperación del suelo pélvico  existen en algunos hospitales y clínicas de nuestro país. Las matronas cada vez saben más del tema y hay profesionales de la fisioterapia que se dedican a ayudar las mujeres a recuperar el tono en la zona.

España en esto está atrasada respecto a otros países, pero es importante que las mujeres sepan que existen profesionales que pueden ayudarlas, como existen las bolas chinas, que no, no, no, son un juguete erótico, o no es su primera función, sino ayudar a la práctica de los ejercicios de Kegel y otros con similar fin. Se habla de hacer pesas con naturalidad, ¿verdad? Pues aquí se trata de otro tipo de pesas.

Todavía hace poco escuche una estúpida broma masculina acerca de las bolas, una broma sin gracia, que denotaba una clara influencia del porno, género que tanto daño hace en algunos hombres, que acaban teniendo una machista y superficial concepción de la sexualidad femenina 'gracias' a la pornografía. El sujeto no sabía ni lo que era el suelo que nos ocupa, siendo padre. No es asunto mío, sino de su pareja, pero desde luego cambiar la concepción de ciertos aspectos de nuestra vida y darles carta de naturaleza está en nosotras mismas y en la educación que demos a nuestra prole, sobre todo si son mujeres.

martes, 28 de octubre de 2014

Cosificación del amor (por Chelo)





A veces me preguntan por qué no llevo nunca el anillo de casada. Es una pregunta que siempre contesto igual ¿y por qué tendría que llevarlo?. Casi nunca me saben o no quieren decir lo que piensan.
La simbología de llevar ese anillo para mostrar la mundo que estás casado siempre me ha parecido vacía y la verdad es que nunca he necesitado llevar un anillo para tal fin. Pero oye, para gustos los colores y me parece estupendo que el resto del mundo lleve su anillo de casados 24x7. Nada que objetar y cada uno que haga lo que quiera. Pero a mí me han mirado raro por no llevarlo (no tan raro como cuando digo que no tengo coche, pero…)

Estas reflexiones me han venido a la cabeza por una noticia (antigua) que leí el otro día sobre varios puentes de la ciudad de Paris que están en grave riesgo de derribarse porque la gente ha puesto ahí candados como símbolo de su amor eterno. La primera vez que fui a París y lo vi me pareció horrible, este verano he conocido Venecia y lo mismo. Esto sí que no puedo entenderlo la verdad ¿un candado? La simbología que entraña lo del candado no me gusta nada (aunque de nuevo, para gustos los colores) pero afear el paisaje de ciudades tan bellas como las mencionadas a golpe de candado me parece próximo al vandalismo.

Ahora por lo visto han "tapizado de cristal" varios puentes en la cuidad del amor para evitar que la gente ponga allí el famoso candado. Me parece una pena tener que llegar a esto y desde aquí animo a todos los “amantes de candado” a usar vías alternativas como decirlos cada mañana lo mucho que os queréis, besaros, regalaros flores los domingos o tatuaros el nombre de vuestra pareja a lo Antonio y Melanie, pero por favor, dejad que cuando yo vuelva a París pueda asomarme por el Pont des Arts y disfrutar de un paisaje libre de ataduras ajenas (muchas de ellas seguramente ya rotas pero allí presentes para el resto). Pensadlo de verdad ¿os parece bonito?


jueves, 23 de octubre de 2014

La maldad que arrastró a Nora (por Isa)

Hell Girl - Jigoku Shoujo
Siempre me ha gustado el nombre de Nora. Es una de las opciones que más me seducen si alguna vez tengo una hija. Es corto, contundente y dulce a la vez, no muy manido... Nora es la protagonista de Casa de Muñecas, una obra de teatro noruega que me impactó en mis años mozos, porque habla de una mujer que busca su emancipación. También se llamaba Nora la niña de 16 años que murió de sobredosis en Mallorca hace cosa de un año, después de haberse visto envuelta en una red de drogas y prostitución infantil. Todo un infierno, del que en su día se habló bastante en los papeles pero del que ya no se acuerda nadie.

La historia es espeluznante. Ponerse en la piel de esa chiquilla e imaginar el calvario que debió sufrir mangoneada por depravados es demoledor. Vivió una pesadilla épica en su propio barrio, sin que sus padres fueran conscientes del laberinto en el que se había metido, sin que los vecinos que podían haber dado la voz de alerta hicieran nada. Nada.

Yo soy de las que piensa que en el mundo hay más gente buena que mala, pero cuando se te presentan este tipo de casos no queda más remedio que dudar... porque ¿hasta qué punto es bueno quien permanece impasible ante algo malo, quien no reacciona a las injusticias? Hay una frase de Edmund Burke que define perfectamente esto: "Para que la maldad florezca, sólo hace falta que la gente buena no haga nada.

La gente justifica la inacción con lo que sea y al final, de la cobardía y la mediocridad afloran razonamientos que dejan al aire la mezquindad del ser humano. En el caso de Nora, solo hay que ver los comentarios de algunos lectores a un artículo que habla sobre el tema: gente que dice que la niña no era tan niña y que se lo ha buscado, que esto pasa por legalizar el consumo de drogas, o aquello tan viejo y sin embargo tan vigente de que "la culpa es de los padres que las visten como putas". 

Las mujeres (en especial las jóvenes) seguimos siendo presas fáciles de depredadores despiadados: violadores, pederastas, proxenetas... un enjambre de insectos viles dispuestos a perpetuar la dominación machista. Y da miedo. Mucho. Pero el miedo no es la respuesta. Saber decir que no, saber pedir ayuda, conocer nuestros derechos y hacerlos valer, encontrar apoyo legal, social y familiar. Esa es la clave.

Un estado de bienestar sólido apoya a los padres con medidas de conciliación para que puedan educar y controlar a sus hijos y una educación social en valores estigmatiza y arrincona a los empresarios e usuarios de la prostitución infantil. Una chavala formada, segura de sí misma, con una autoestima cuidada, con una relación sana con sus progenitores que no se atribula por ir a ellos si se ve perdida, tiene menos posibilidades de caer en un pozo tan inmundo. Una sociedad que señala a los malhechores en lugar de culpabilizar a las víctimas dificulta que se salgan con la suya. 

Yo soy una bocas, y una pendenciera. De las que increpan al personal cuando detecta una injusticia, aunque sea liviana. Mi actitud de 'abogada de causas perdidas' me ha supuesto ya algún leñazo, alguna bronca, alguna reprimenda de vergüenza ajena... pero también algún apoyo inesperado. Puede que no consiga nada o puede que aporte mi pequeño granito de arena para que la maldad no florezca.

martes, 14 de octubre de 2014

Cambios, cambios, cambios (por Ana)




Me siento delante del ordenador a escribir sin saber de qué ni cómo. Tengo la cabeza totalmente abotargada, llena de cuestiones personales, tanto que no soy capaz de transmitirlas en este blog, de desnudarme hasta ese punto.

Estoy inmersa en un momento de cambios, de tambaleos bajo mis pies, nuevamente, otra vez, como casi siempre... Y pienso si esto es la vida o si, al menos, esto es lo que realmente da sentido a la vida, a mi vida. Desde siempre tuve claro que yo no podría tener un trabajo fijo, de los que duran toda la existencia hasta la jubilación, un trabajo cómodo de oficina... Tampoco mis relaciones han sido anodinas, no he tenido el típico novio de toda la vida, al que podría haber conocido en el instituto y con el me podría haber casado y tenido una parejita de niño-niña... Que conste que me parece una opción de vida tan maravillosa como cualquier otra, que admiro a la gente que puede vivir en la comodidad, la estabilidad y la tranquilidad, los admiro y los envidio, porque yo soy incapaz.

Estudié periodismo porque quería ir de aquí para allá buscando noticias, quería ser una super reportera de guerra, viviendo mil y una aventura. Por supuesto, el tiempo y las circunstancias te ponen en tu sitio y rápidamente quedó claro que ese no era mi camino, aunque sí ejercí como redactora muchísimos años, hasta hoy, el único oficio que conozco. Pero me he cansado, ya he viajado todo lo que tenía que viajar, he conocido a todos los famosos y celebridades que tenía que conocer (algunos a los que admiraba muchísimo y otros que me han dejado totalmente fría a pesar que cuando la gente se entera de que les he entrevistado lanza gritos de envidia) y he exprimido al máximo lo que podía sacar de ese trabajo. Ahora estoy en otro momento, mi culo inquieto me pide cambiar de acomodo, lanzarme a nuevas aventuras... y en ello estoy... (A David Bowie es de los pocos que me he quedado con las ganas de conocer... A él también le gustan los cambios, como os cuenta en este vídeo)



He hecho tres mudanzas en poco tiempo, obligada por las circunstancias, cierto, pero también feliz de poder hacerlo, de cambiar de zona, de vida, de comercios... Una vez más, mi poco apego por lo material y la estabilidad me llevan a que las temidas cajas que hay que hacer y deshacer me hagan una ilusión loca. Se avecina un nuevo cambio de casa y yo ando como niña con zapatos nuevo, entusiasmada, y eso que no es el mejor momento ni la mejor situación para movernos, pero ya que nos vemos obligados, pues oye, a disfrutarlo...

De amor, ni hablo... Mis novios nunca han sido convencionales en ningún aspectos. Todos tirando a intelectuales (alguno más bien listillo, pero majete), bohemios, libres, distintos... Y yo encantada con ellos... Me han tratado siempre como una reina, me han dado el espacio que también yo necesitaba. No he entendido nunca a las parejas que todo lo tienen que hacer juntos y, gracias al destino, el azar ha puesto en mi camino a hombres muy parecidos a mí en ese sentido. Quiero ser una mujer libre de entrar y salir, de disfrutar con amigos, de hacer viajes sola, de ir al cine a ver la película que me guste en soledad... y a la vez compartir con mi pareja todo el tiempo que nos apetezca compartir y todas las cosas en las que coincidamos. No cambiar mis gustos por él ni que él se amolde a regañdientes a los míos... Y me casé con el mejor en ese sentido... Ni siquiera nuestra boda fue convencional, por mil motivos, pero sobre todo porque a nosotros no nos pegaba que lo fuera...

Todo esto no es bueno ni es malo, no significa una crítica para los que no son como yo, como decía antes, incluso en ocasiones envidio otras formas de vida, pero es lo que soy y lo que me define... Y por ello, hoy por hoy vuelvo a estar sumergida en un caos general, con los deditos de los pies en el filo de la realidad presente y futura... Hoy no sé si alegrarme por ello o echarme a llorar... pero es lo que hay...

martes, 7 de octubre de 2014

La España cainita y el ébola (por Arantxa)

Al hilo de la crisis del ébola en nuestro país, se ha dicho mucho desde ayer. En España y en el resto del mundo, que hoy somos portada de diarios extranjeros y los  informativos en otros países se están haciendo eco de lo ocurrido.

Yo era de las que no quería
repatriar enfermos, ya sean éstos misioneros, cooperantes de ONG o turistas. En su momento tuve que deshacerme en explicaciones por el hecho de que, siendo creyente, no estuviera conforme con el hecho de que trajeran a España al padre Pajares, el primer sacerdote enfermo y fallecido. Por puro pragmatismo: la lógica sanitaria indica, en el caso de enfermedades infecciosas tratar in situ la patología, no desplazar el foco con los riesgos que implica. Para salvar una vida no hay que poner en riesgo muchas, y menos en el caso de una enfermedad altamente letal y muy contagiosa, sin tratamiento ni vacuna. Tampoco se podía dejar a los religiosos a su suerte, en ningún caso, por humanidad. Pero lo más sensato hubiera sido tratar a los afectados en los lugares donde se encontraban, aunque, como bien sabemos, Sanidad optó por repatriarlos.


Ahora nos encontramos con que hay una auxiliar de enfermería enferma y nadie puede afirmar que no se declare algún nuevo caso. El peligro de contagio no es una fabulación o una profecía de los agoreros, es real. Los peores pronósticos se han confirmado y no me sorprende.


Lo que sí me ha sorprendido hoy es comprobar en una red social que hay quien se alegra de lo ocurrido. De que el protocolo haya fallado, de que la gestión de la ministra de Sanidad sea pésima. Hay quien se alegra porque esto le reafirma en su tesis de que no tenemos el gobierno que nos merecemos.Cuando leo estos comentarios me quedo entre estupefacta y sorprendida.

España es un país verdaderamente
cainita, eso es una lección de nuestra historia reciente y lejana. Un país donde algunos creen que no hay mal que por bien no venga en diversas circunstancias... para que el partido en el poder se dé el batacazo definitivo con la crisis del ébola, por ejemplo. Recuerdo cuando gobernaba Zapatero y se atisbaban los albores de una crisis económica que el gobierno socialista negaba reiteradamente. En la otra trinchera, algunos estaban deseando acertar en su vaticinio de que el apocalipsis económico era inminente para que el PSOE se hundiera en las urnas. Aunque esa recesión supusiera millones de parados y todo lo que ha conllevado.


Las personas de bien sólo deseamos que Teresa, que así se llama la enferma, se restablezca, que no haya ni un solo contagio más y que los responsables de este desastre asuman sus responsabilidades. Así de humano, así de justo. Así de simple.


martes, 30 de septiembre de 2014

Súper poderes (por Chelo)


Siempre he querido tener súper poderes. De pequeña y de no tan pequeña.

Cuando me pongo a pensar en qué súper poder elegiría (si, en ocasiones ese es mi nivel de preocupación) casi siempre concluyo lo mismo: la invisibilidad. ¿Os imagináis poder haceros invisibles durante un tiempo? A vuestra elección, ahora me ven, ahora no me ven. No sé, quizás Christina Rosenvinge tuvo algo que ver (¡Qué coreografía! Ya no se hacen de esas, una pena)
Cuando de adolescente pensaba en esto (que sí, que este es un hilo de pensamiento recurrente en mi vida, no sé de qué os extrañáis) me imaginaba entrando en unos grandes almacenes, uno de esos con varias plantas de ropa. Entraba, me probaba lo que me daba la gana y me iba de allí sin que nadie me viera. El fin de la invisibilidad no estaba en robar mal pensados sino más bien en quedarme en pelotas allí en medio e ir probándome lo que me viniera en gana sin necesidad meterme a un mini probador a sudar como una bellaca  tratando de tener la perspectiva suficiente (y necesaria) de mi trasero. Lo más en probadores que conozco (modo ironía on) son los de esa conocida tienda de ropa deportiva low cost que suele estar en las afuers de las ciudades pero que ahora en Madrid han abierto tiendas urbanas. Pero bueno, ese es tema para otro post.
 
Volviendo a los súper poderes. Ahora que ya soy adulta (precisamente hoy cumplo 39 castañas, ahí queda eso) el poder de la invisibilidad lo usaría para otras cosas que no voy a contar aquí en público porque son de un gusto cuestionable ;-P
 
En fin, señores, señoras, ya sabéis lo que os voy a preguntar ¿verdad? Pues eso, si pudieras elegir, ¿qué súper poder elegirías?

PD: disculpar la brevedad del post (y al profundidad del mismo) no se que me pasa hoy pero ando despistada.