jueves, 28 de julio de 2016

Mis mundos interiores y yo misma (por Ana)



El otro día comentaba con un amigo que tengo varios rasgos de mi carácter que me gustaría eliminar de un plumazo, pero así, sin dudarlo. El primero es la impaciencia. He sido impaciente desde que tengo uso de razón y, si habláis con mi madre, posiblemente os diga que lo soy desde que la comadrona me dio los azotes para que llorara. No soy muy ambiciosa, pero cuando quiero algo, lo quiero ya, pero ya…

Esto me lleva al segundo rasgo de personalidad que creo que no es nada favorable: siempre quiero algo más. Que tengo un trabajo, quiero uno diferente aunque el que tenga esté genial, que tengo una casa, ya estoy pensando en qué otro barrio me gustaría vivir. Esta parte, la verdad, la tengo bastante más controlada que la impaciencia, porque si no, me sería imposible tener los atisbos de felicidad que tengo de vez en cuando, todo sería una agonía en busca de la hierba más verde que hay en el jardín de al lado. Han sido muchos años de trabajo, pero he ido consiguiendo, si no conformarme, al menos adaptarme bastante mejor a mi realidad presente.

Pero quizá lo que más molesta de mí misma es la anticipación, preveo el futuro, pero no como una bruja o una vidente, no, como una auténtica ceniza, negativa, llamadlo cómo queráis. No puedo evitar ir siempre dos pasos por delante. Por ejemplo, si conozco a alguien y, en mi impaciencia, veo que no me llama cuando yo quiero, ya no sólo estoy pensando en que ese alguien no me corresponde, es que pienso que ya nunca más conoceré a nadie interesante, pasarán los años y viviré encerrada en la casa que no me gusta pero que no he podido vender porque tampoco podría comprar otra con el trabajo que nunca me decidí a cambiar, y viviré rodeada de perros mientras me hago anciana (en mi locura previsora sólo pienso en perros, todavía tengo algo de conciencia para saber que me asustan un poco los gatos, jajajaja)

En fin, todo esto os lo cuento no para que penséis que estoy más loca de lo que creíais, que supongo que ya era bastante, sino porque la respuesta de mi amigo me ha hecho pensar mucho. Él decía que, por supuesto, esos son características personales que quizá, sólo quizá (es tan educado mi amigo, tratándome con tanta delicadeza) debería trabajar para sentirme mejor, pero que él pensaba que todo tenía mucho que ver con el hecho de que yo adore escribir y leer. Me decía que a las personas que tienen mucha imaginación y encima la trabajan, les debe ser más fácil anticipar, en el fondo, al escribir, estamos pensando en el final de la historia que estamos imaginando, creando un mundo en el que tenemos que tener un poco claro hacia dónde van las cosas. Si eso lo trasladas a la vida real, lo de vivir dos pasos por delante del hoy puede tener cierta lógica.

Llevo pensando en ello desde que hablé con él y creo que algo de razón lleva. Yo he escrito mucho guión de programa, para presentadores y colaboradores, pero también bastante ficción para espacios de humor y, además, he tenido a mi lado a uno de los mejores guionistas de series que pueda haber existido, del que he aprendido a vivir en un mundo interior bastante curioso. Nos podíamos pasar horas hablando de personajes ficticios que sólo estaban en su cabeza, y desde ese momento, en la mía. Cómo actuarían, cómo hablarían, por qué realizarían ciertos actos, qué motivaciones les movían… Es posible que las personas que escribimos y que leemos por puro placer e incluso necesidad de evadirnos de esta realidad buscando otros mundos distintos o, en muchas ocasiones, que puedan darnos una explicación del nuestro, tengamos un mundo interior mucho más "loco" que las personas más pragmáticas. Por ello nos es más fácil visualizar futuros posibles (al menos en nuestra mente), pensar que ese chico nos debería haber llamado porque así debería haberse comportado ese personaje, o que nuestra vida debería ser de otra manera porque los pasos que se han dado para ello así lo indicaban.

Pero claro, la vida no es un guión ni un libro en el que vamos sembrando para llegar a un final lógico. La vida es todo lo contrario. Las personas pueden adecuarse a un comportamiento, pero quizá no al que no nosotros les otorgamos porque lo vemos así de claro desde fuera. Nadie te garantiza que todo va a salir bien porque tú te hayas comportado de una manera lógica para que así sea, la meritocracia no existe y la vida es muy puta en la mayoría de las ocasiones.

Así que sí, creo que, por suerte o por desgracia, las personas que escribimos, leemos y tenemos nuestro propio mundo interior, somos más propensas a anticipar, a darle vueltas a todo y a ser inconformistas por naturaleza. Y sinceramente, viéndolo de esta manera, creo que también vivimos bastante más entretenidos que otros (el que no se consuela es porque no quiere)

Mis mundos interiores y yo misma (por Ana)



El otro día comentaba con un amigo que tengo varios rasgos de mi carácter que me gustaría eliminar de un plumazo, pero así, sin dudarlo. El primero es la impaciencia. He sido impaciente desde que tengo uso de razón y, si habláis con mi madre, posiblemente os diga que lo soy desde que la comadrona me dio los azotes para que llorara. No soy muy ambiciosa, pero cuando quiero algo, lo quiero ya, pero ya…

Esto me lleva al segundo rasgo de personalidad que creo que no es nada favorable: siempre quiero algo más. Que tengo un trabajo, quiero uno diferente aunque el que tenga esté genial, que tengo una casa, ya estoy pensando en qué otro barrio me gustaría vivir. Esta parte, la verdad, la tengo bastante más controlada que la impaciencia, porque si no, me sería imposible tener los atisbos de felicidad que tengo de vez en cuando, todo sería una agonía en busca de la hierba más verde que hay en el jardín de al lado. Han sido muchos años de trabajo, pero he ido consiguiendo, si no conformarme, al menos adaptarme bastante mejor a mi realidad presente.

Pero quizá lo que más molesta de mí misma es la anticipación, preveo el futuro, pero no como una bruja o una vidente, no, como una auténtica ceniza, negativa, llamadlo cómo queráis. No puedo evitar ir siempre dos pasos por delante. Por ejemplo, si conozco a alguien y, en mi impaciencia, veo que no me llama cuando yo quiero, ya no sólo estoy pensando en que ese alguien no me corresponde, es que pienso que ya nunca más conoceré a nadie interesante, pasarán los años y viviré encerrada en la casa que no me gusta pero que no he podido vender porque tampoco podría comprar otra con el trabajo que nunca me decidí a cambiar, y viviré rodeada de perros mientras me hago anciana (en mi locura previsora sólo pienso en perros, todavía tengo algo de conciencia para saber que me asustan un poco los gatos, jajajaja)

En fin, todo esto os lo cuento no para que penséis que estoy más loca de lo que creíais, que supongo que ya era bastante, sino porque la respuesta de mi amigo me ha hecho pensar mucho. Él decía que, por supuesto, esos son características personales que quizá, sólo quizá (es tan educado mi amigo, tratándome con tanta delicadeza) debería trabajar para sentirme mejor, pero que él pensaba que todo tenía mucho que ver con el hecho de que yo adore escribir y leer. Me decía que a las personas que tienen mucha imaginación y encima la trabajan, les debe ser más fácil anticipar, en el fondo, al escribir, estamos pensando en el final de la historia que estamos imaginando, creando un mundo en el que tenemos que tener un poco claro hacia dónde van las cosas. Si eso lo trasladas a la vida real, lo de vivir dos pasos por delante del hoy puede tener cierta lógica.

Llevo pensando en ello desde que hablé con él y creo que algo de razón lleva. Yo he escrito mucho guión de programa, para presentadores y colaboradores, pero también bastante ficción para espacios de humor y, además, he tenido a mi lado a uno de los mejores guionistas de series que pueda haber existido, del que he aprendido a vivir en un mundo interior bastante curioso. Nos podíamos pasar horas hablando de personajes ficticios que sólo estaban en su cabeza, y desde ese momento, en la mía. Cómo actuarían, cómo hablarían, por qué realizarían ciertos actos, qué motivaciones les movían… Es posible que las personas que escribimos y que leemos por puro placer e incluso necesidad de evadirnos de esta realidad buscando otros mundos distintos o, en muchas ocasiones, que puedan darnos una explicación del nuestro, tengamos un mundo interior mucho más "loco" que las personas más pragmáticas. Por ello nos es más fácil visualizar futuros posibles (al menos en nuestra mente), pensar que ese chico nos debería haber llamado porque así debería haberse comportado ese personaje, o que nuestra vida debería ser de otra manera porque los pasos que se han dado para ello así lo indicaban.

Pero claro, la vida no es un guión ni un libro en el que vamos sembrando para llegar a un final lógico. La vida es todo lo contrario. Las personas pueden adecuarse a un comportamiento, pero quizá no al que no nosotros les otorgamos porque lo vemos así de claro desde fuera. Nadie te garantiza que todo va a salir bien porque tú te hayas comportado de una manera lógica para que así sea, la meritocracia no existe y la vida es muy puta en la mayoría de las ocasiones.

Así que sí, creo que, por suerte o por desgracia, las personas que escribimos, leemos y tenemos nuestro propio mundo interior, somos más propensas a anticipar, a darle vueltas a todo y a ser inconformistas por naturaleza. Y sinceramente, viéndolo de esta manera, creo que también vivimos bastante más entretenidos que otros (el que no se consuela es porque no quiere)

jueves, 21 de julio de 2016

¿Todo es machismo?


Ayer por la noche descubrí que se había levantado cierta polvareda en Twitter por el artículo de un humorista youtuber bastante moñas que triunfa en internet: Jorge Cremades. Se trata de un tipo que hace chistecillos en forma de sketches riéndose de situaciones de la vida cotidiana que lleva al extremo, su fuerte son los clichés sobre la diferencia de sexos. Pues bien, resulta que le invitan en la Cosmopolitan a hacer lo mismo que hace habitualmente en Vine, Snapchat y Youtube, y el tío escribe un artículo sobre "Como afrontar el primer viaje con tu novia". Como era de esperar por cualquiera que haya visto más de tres vídeos de Cremades, el artículo es un derroche de sandeces ahondando en lo superficiales y al mismo tiempo intensas que son las mujeres, y lo simplones y cobardicas que son los tíos. Nada nuevo bajo el sol.

Pues se ve que el artículo no ha caído bien entre los lectores de esa revista referente de la lucha feminista que es Cosmopolitan. Modo ironía on. Ojo, lo constato, porque últimamente parece que los chistes hay que hacerlos con subtítulos que pongan "Eh, que es broma". Ya sabéis que soy de la opinión de que en temas de humor es muy difícil poner puertas al campo, pero creo que además en determinadas cosas estamos empezando a tener la piel excesivamente fina.


Últimamente, tengo la sensación de que vivimos bajo la amenaza constante del machismo y la misoginia, al menos si presto atención a determinados foros en los que participo. Porque yo soy feminista. Y no consiento que nadie lo ponga en duda, pero disiento del cariz que está tomando cierto sector que ve ataques por todos lados, incluyendo el contenido artístico o humorístico... y esa "corrección política", esa susceptibilidad extrema me parece contraproducente.

Si todo es machismo, nada lo es. Si se le da la misma importancia al chiste que a la agresión o a la desigualdad real, a la declaración de un político que a la de un mequetrefe, se pierde el foco. Como en el cuento del pastorcillo mentiroso, si a cada meada fuera del tiesto ponemos el grito en el cielo, cuando venga algo importante ya no nos hará caso ni el tato... porque habremos perdido toda la credibilidad. Estaremos dando excusas a los que han acuñado el asqueroso término 'feminazi'.

Hay gente a la que, aún siendo consciente de que los vídeos de Cremades son mofa de actitudes deleznables, le da miedo que se convierta en referente de los más jóvenes y que éstos tomen sus vídeos por didácticos. Se trata de un temor legítimo la verdad, pero, desde mi punto de vista, mal enfocado. Sinceramente, creo que si educa a los chavales para tener espíritu crítico sabrán distinguir lo que es parodia de un comportamiento chungo y lo que es aplauso. No creo que la sobreprotección sea la vía. Esto enlaza con otro tema, que se infravalora la capacidad de juicio de los adolescentes de forma generalizada. No todos son tan zotes como para no saber distinguir lo que es un chiste malo de lo que no lo es. En cualquier caso, creo que el esfuerzo debe ponerse ahí, en que sepan distinguir, en enseñarles a ello.

Nota: Aunque se va bastante de tema (esto da para otro post), sobre la visión que tenemos de los adolescentes, os dejo este vídeo (este sí es educativo):

miércoles, 13 de julio de 2016

Palabras salvajes (por Arantxa)

Dibujo de la web www.joaquinsabina.net.
A propósito de la muerte del joven torero Víctor Barrio el pasado 9 de julio en la plaza de toros de Teruel se ha escrito mucho y bastante de ello muy desafortunado, o al menos las palabras que están teniendo mayor eco. Gente vomitando ira en las redes sociales, personas rezumando odio, graves faltas de respeto, antitaurinos violentos atacando a la pobre viuda sin piedad. Algunos se han escondido y se esconden en el anonimato –ventaja de las redes sociales–.

Asisto perpleja al espectáculo de algunos antitaurinos –el motivo de este post no es debatir sobre la tauromaquia– que han mutado en las redes  en activistas de la causa pro muerte de los toreros. Violencia viscosa, agriada, pura bilis vertida en palabras hirientes. Gente que reitera que se alegran de la muerte del torero y que se tiran a la yugular de su viuda sin un atisbo de empatía.

Encuentro inhumano alegrarse de la muerte de nadie y regodearse en ello. Incluso hay quien se vanagloria de la razón, esgrimen, que este desgraciado hecho parece dar a sus argumentos en contra de las corridas de toros. También hablan antitaurinos que muestran su repulsa por estos brutales comentarios, pero hacen más ruido los otros. No entiendo por qué estar en contra de los toros lleva a algunos a celebrar la muerte de un ser humano. Se me escapa y me provoca un profundo rechazo.

Decía una preciosa canción de El Último de la Fila, “si lo que vas a decir no es más bello que el silencio, no lo vayas a decir”. Esas palabras que he leído que hablan de alegría y gozo por la muerte de otro ser humano destilan de todo menos belleza. A mí me han escandalizado, porque las encuentro crueles, ruines y salvajes. Están faltas de toda humanidad. Eso, la humanidad, es lo que nos diferencia de los animales. Por desgracia, a veces hay quien parece más animal que los propios.

domingo, 3 de julio de 2016

Mi top five de im-perfectas en el trabajo (por Chelo)



Hace años, muchos, tuve una compañera de trabajo de esas que te dejan huella. Competente, inteligente, metódica y organizada, con idiomas... además era simpática y vasca, ¡qué más se puede pedir!. Ella dejó la empresa en la que ambas trabajábamos y poco después lo hice yo. Una de las razones por las que yo me fui fue porque no me sentía bien con los motivos de su marcha; he aprendido mucho desde entonces pero nunca me he quitado la espinita de pensar que podría haber luchado más por conservarla en el equipo.

Después de eso, en mi siguiente empresa también he coincidido con gente con todas esas características que mencionaba arriba. Es un gusto poder decir eso, me siento muy orgullosa de los equipos de trabajo que he tenido, de todos ellos he aprendido muchísimo; y más importante, nos hemos reído una barbaridad.

En la empresa que ahora dejo, después de casi 15 años, no puedo pasar por alto a mi querida W, creo que no me he reído con nadie en el trabajo tanto con con ella. Gracias por darme la oportunidad de iniciar la aventura que ahora concluyo. A mi compañera colombiana, AI, que crack, que capacidad de currar y lidiar con las situaciones más variopintas que os podáis imaginar, llegará muy muy lejos, estoy segura. No puedo dejar de incluir en esta lista a G y lo injusta que fui cuando me dijo que se marchaba hace poco menos de una año, no lo encajé nada bien, sentí que me dejaba tirada cuando tendría que haberla apoyado y haberle hecho más fácil el tránsito. He aprendido tanto de ella que nunca se lo podré agradecer suficiente. Y su generosidad estos últimos meses han terminado de confirmarme que es de esas personas que no debo perder.

Dejo para el final a la persona que más oportunidades en el trabajo me ha dado, la im-perfecta number one en mi top five, con la que más lecciones de vida he compartido, porque el trabajo no es solo trabajo, también es el día a día, con sus problemas, sus alegrías y sus todos. Exigente como ella sola me ha hecho crecer como profesional como creo que nadie hubiera sido capaz de hacerlo. Decimos gracias muchas veces a lo largo del día, casi como un resorte que nos han inculcado desde pequeños, pero este gracias va cargado de sentimientos y agradecimiento como pocas veces hasta ahora he dicho: Gracias AA, me llevo mucho.

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La primera de las im-perfectas de este texto, me regaló la vela de la foto. La he guardado hasta que ha llegado el momento de encenderla, hace solo unos meses... 16 años más o menos ha estado guardada en una caja, I gracias. Te confirmo que ha sido efectiva y acabo de comenzar una nueva aventura profesional. No soy de creer en estas cosas, pero con esta vela tenía un no sé qué, algo me decía que si la guardaba para el momento adecuado me daría fuerza, esperanza y tranquilidad. Así ha sido.


En futuros post hablaré de los im-perfectos del trabajo, también me llevo una buena mochila de amigos, pero tocaba primero este pequeño homenaje a ellas.

martes, 14 de junio de 2016

Lo peor de mí (por Isa)


Cuando tienes hijos, una de las cosas que más entretienen a la gente a tu alrededor es buscar los parecidos biológicos de los enanos con sus padres y familiares directos. Es difícil no sucumbir a una práctica que es absolutamente generalizada y a veces es hasta divertido. "Tiene tus ojos", "la nariz es del abuelo", "mira le salen hoyitos al sonreír como a tu hermana", "los labios son claramente del padre"... este despiece físico, como si de una carnicería se tratase, es principalmente intenso cuando son bebés, que es más difícil y además cambian mucho y constantemente, lo que da más juego, pero se prolonga durante los años siguientes.

A medida que la criatura va creciendo y empiezan a emerger los rasgos de su personalidad, la búsqueda de parecidos deja de ceñirse a lo evidente y se vuelve más introspectiva: "es tranquilo como su papá", "cabezona como su madre", "perfeccionista como su tío"... y así hasta el infinito y más allá. La gente suele creer que te halagan cuando la balanza de parecidos se inclina hacia tu lado y supongo que en bastantes casos será así, pero ¿qué pasa cuando no te gusta mucho como eres? ¿qué ocurre cuando a ti lo que te hubiera gustado es que se pareciera al otro?

Cuando eres muy consciente de tus defectos, cuando llevas media vida luchando (a veces en vano) contra ellos, cuando sabes lo cuesta arriba que te lo ha puesto determinado rasgo de tu carácter, lo último que quieres es que tus hijos lo hereden, que tengan la mala suerte de sacar lo peor de ti.

martes, 7 de junio de 2016

El canon del genital femenino ideal (por Arantxa)


El otro día fui a hacerme la sesión de depilación láser pre estío y en la sala de espera del centro proyectaban un vídeo con información relativa a diversos procedimientos de cirugía estética. En concreto de cirugía genital femenina y la verdad es que de entre todos los que realizan el que más me sorprendió fue el de la reparación y embellecimiento de la cicatriz de la episiotomía, esa que llevamos muchas tras el parto. Yo la tengo y nunca he pensado que sea fea. Tampoco bonita, pero está ahí porque soy madre y es tan parte de mí como mi color de ojos.

Si se ofertan estas operaciones es porque hay demanda y la verdad es que no creo que esa demanda obedezca al dolor durante las relaciones sexuales que en alguna publicidad se esgrime como razón de la intervención y sí a la tiranía de la estética. Por supuesto, quien lo desee, en vez de practicar los ejercicios de Kegel, puede estrechar su sufrido canal vaginal post parto o partos vía cirugía. Y  aquellas que consideren que sus labios mayores y/o menores son feos tienen en este terreno la solución.

No sabía que hay un estándar de genital femenino hermoso y otro prototipo de su contrario, y lo digo con tanta sinceridad como sorna. Con respecto a narices, culos, tetas, vientres, labios, pómulos… sí lo tenía bastante claro, pero tras buscar información, me ha sorprendido comprobar que para muchas mujeres su vagina y sus genitales son poco agraciados, causa de complejos e inseguridades variadas. Hay un canon, pues, de genitales femeninos bellos  y como la mujer que se precie ha de ser deseable, también y especialmente debe serlo su entrepierna. No dejamos de ser un objeto de consumo y por ende también lo es lo más íntimo de nuestra anatomía.

Dentro de lo que serían genitales femeninos antiestéticos, las que hemos parido nos llevamos la palma. A saber, porque el canal vaginal ha perdido estrechez sí o sí y porque a buena parte nos queda una herida de guerra, la episiotomía de la que hablaba en el primer párrafo (si este procedimiento es necesario siempre que se realiza u obedece a una medicalización excesiva del parto sería objeto de otro post).

Chelo escribía hace unas semanas sobre el contouring de traseros, valiente memez, chorrada mayúscula, pero no deja una de sorprenderse con algún otro dictado estético de esta la sociedad tan superficial que a machamartillo nos han construido. En junio de 2015 dediqué un post a la moda de la depilación íntima femenina, pero los imperativos de la belleza van mucho más allá y han llegado a nuestros genitales, para quedarse, intuyo.

En plena operación verano en la que, por cierto, no estoy inmersa, me he puesto a pensar que no deja de llamarme la atención este culto irracional y desatado a la estética, a lo joven, y la sufrida dictadura que el mismo implica para muchas féminas. Llevo años ‘trabajando’en mi firmeza mental e interior y me preocupa mucho más que la de mi vagina y también que la de mis muslos. Cosas de tener 40 años, afortunadamente.