miércoles, 3 de febrero de 2016

La deuda de la vida (por Ana)

Tristeza y Alegría, protagonistas de "Del Revés" una película que, desde mi punto de vista, es de las que mejor ha explicado de qué va esto de la vida y de los sentimientos.
Solemos pensar que la vida nos debe algo. Cuando sufrimos grandes desgracias, cuando hemos llorado ríos de penas, dolor, soledad, miedo, cuando todo lo que nos rodea es de una negritud absoluta y conseguimos asomar la cabecita hacia la luz del sol, creemos que ya hemos pagado el peaje para ser felices y disfrutar de la vida. Entonces nos sentimos intocables porque, total, lo peor ya nos ha pasado y ahora todo será bonito y tendrá un color especial. Porque la vida nos lo debe…

Y la vida no nos debe nada, nunca. La vida es maravillosa, es lo más preciado que tenemos, pero habría que meterse en la cabeza de una vez que lo es con sus luces y sus sombras, con el amor y el desamor, la fortuna y la mala suerte, la salud y la enfermedad, la vida en estado puro y la muerte… Todo ello es la VIDA así, con mayúsculas, y lo único que cambia es la actitud con la que afrontamos cada cambio, cada nuevo revés o cada situación que nos lleve al límite. Y hablo de cuestiones fatales y de momentos de felicidad infinita. Nada es eterno y eso es la vida. Cada momento, cada segundo, es lo que cuenta, la vida no tiene un cuaderno de debes y haberes suspendido en una balanza. Y cuanto antes aprendamos esto, mejor para nosotros mismos, para exprimir las experiencias al máximo y disfrutar de lo bueno y saber (pero de verdad, sin mentirnos a nosotros mismos) que lo malo pasará, de una manera u otra, para bien o para peor, pero esa es otra característica de la existencia: todo evoluciona, nada es permanente, ni siquiera nosotros mismos sobre la tierra.

Uno de los peores momentos de mi vida, repetido durante meses, pero con la fuerza de la novedad, fue cuando me partieron la vida en dos con unas pocas palabras pronunciadas por una doctora embarazadísima que no hacía más que tocarse la barriga mientras nos daba la peor sentencia posible. Recuerdo salir del hospital y quedarme cegada con un sol de octubre inaudito (antes los inviernos no eran como ahora) y observar el movimiento cotidiano que se producía al traspasar las puertas del hospital. Y me enfadé hasta el infinito, me dieron unas ganas tremendas de gritar y de decirle a todo el mundo que parasen, que eso no estaba bien, que la vida no podía continuar como si nada. Algo no cuadraba, no podía ser que todo mi ser se hubiera hundido y el mundo siguiera girando como si nada.

Recuerdo comentarlo en las visitas, tan asiduas durante años, a la unidad de la enfermedad de mi marido y hablar con la psicóloga que nos ayudaba. Ella me dio dos claves importantes: No se puede preguntar por qué a mí o por qué si yo he sido siempre bueno o por qué la vida me hace esto. Porque si el destino o el azar pudieran responder dirían: ¿y por qué no a ti? ¿por qué a ese padre con dos niños sí y a ti no? ¿por qué te crees tan especial? La enfermedad, por desgracia, forma parte de nuestro paso por el mundo y es una lotería al revés, al que le toca está jodido. Pero no hay una justicia divina ni es real una percepción judeocristiana de que al que es bueno no le puede pasar nada.

La otra apreciación que me hizo la psicóloga es la que os acabo de contar: la vida no te debe nada. No eres más especial por haber sufrido, no eres un héroe o heroína ni estás por encima de personas con existencias más cómodas. Pero además, el haber sufrido no te inmuniza contra nada. Me contaba el caso de varios enfermos, como mi marido sentenciados a muerte, que habían sobrevivido a su pareja que fallecía por un cáncer fulminante o, maldita fortuna, atropellada en un paso de cebra.

Eso es así y es bueno recordarlo de vez en cuando. La vida es dura, cruel, absurda… pero es lo más bonito que tenemos. Hay momentos, como el que estoy pasando yo ahora mismo, otra vez en la cuerda floja, con mi cabeza en continuo desequilibrio, en los que piensas que ya está bien, que ya pagaste todo lo que tenías que pagar durante cuatro años más el de duelo y lo que te rondaré morena, que ahora sólo mereces un trabajo, una casa agradable, que la gente te allane el camino para llegar a tus objetivos, que la burocracia entienda tu situación y te traten con consideración… Pues no, tu vida te la haces tú, día a día, decisión a decisión. Eso es doloroso pero también interesante, sorpresivo, gratificante. Seguirán existiendo funcionarios que no sólo tengan que estar en paro, es que no deberían trabajar en su vida por malas personas, inquilinas que te pongan la mudanza difícil, empresas de reformas que se retrasen, empresas en general que no te llamen para trabajar…. Pero es que esto es así, hay que asumirlo, y es lo que estoy intentando hacer ahora mismo soltando este lastre en esta página en blanco. Mañana será otro día y de mi felicidad soy la única responsable. Es lo que hay.

lunes, 25 de enero de 2016

También pasan cosas buenas (por Chelo)




 Fotograma de la serie The Newsroom, serie de la HBO sobre el trabajo previo a un informativo de una redacción de periodistas en una cadena norteamericana

A veces miras a tu alrededor y ves todo tan hecho polvo que piensas que alguna de las profecías apocalípticas del fin del mundo está próxima. Luego resulta que dedicas un poco de tiempo a buscar cosas buenas que pasan por el mundo y ¡Voilà! hay buenas noticias. Incluso he encontrado algún periódico dedicado a eso, a las buenas noticias: ver aquí o aquí. Espero que el motivo de que no lo actualicen a diario sea más falta de presupuesto que de contenidos, me niego a pensar que no pasan cosas buenas en el mundo que interesen a la gente.

Lees cualquier periódico y todas las portadas están llenas de desgracias, de noticias negativas o positivas solo para algunos (temas políticos o deportivos). Incluso hay noticias buenas tituladas por su lado más chungo. Que hartura. No digo que seamos unos happy flowers, las cosas malas hay que contarlas, pero también las buenas. ¿Pasan más cosas malas que buenas?

Normalmente no veo telediarios, así que no se si los que los veis tenéis acceso a un punto de vista menos dramático, pero desde luego la prensa on line es para llorar. Parece que la noticia es mayor cuanto más dramático es el suceso que se cuenta. Periodísticamente hablando se investigan las cosas malas, se busca el dato malo. He trabajado en la redacción de un periódico y en una emisora de radio y puedo dar fe de que se busca contar lo malo por encima de lo bueno.  ¿Por qué? ¿Es lo que el lector quiere? ¿Queremos leer que los demás están peor que nosotros para sentirnos mejor? ¿Nos gusta regocijarnos en las miserias? Algo hay, porque lo que tengo claro es que la prensa se enfoca a sus lectores, no va por libre. Cuando vas a la sección de “lo más leído” de un periódico el resultado que te encuentras es bastante deprimente, nos gusta el chiste, lo zafio, lo que ridiculiza al prójimo…

Y para complementar esta visión del enfoque de los medios de comunicación sobre la actualidad, os dejo esta charla de TEDxCuauhtémoc un poco al  caso de estas reflexiones mías motivadas por una pregunta de mi hija pequeña: Mamá ¿qué ha pasado bueno hoy en el mundo?, tengo que contar una noticia buena mañana en el cole.
Para reflexionar…


¡Feliz semana!

lunes, 11 de enero de 2016

La infancia infeliz (por Arantxa)


Mientras en el mundo occidental la mitad de la población anda peleada con la báscula tras las celebraciones navideñas resulta que los medios de comunicación, incómodos voceros, nos sacuden con la imagen de la hambruna en Siria.

Los habitantes de la ciudad de Madaya se mueren literalmente de hambre, asediados por las fuerzas del dictador Al Assad. En realidad llevan haciéndolo desde hace meses, pero ya se sabe que lo que no se cuenta no sucede. Es muy molesto y desagradable ver imágenes de personas en los huesos, personas que parecen salidas de los infames campos de concentración nazis. Es aún más tremebundo ver fotografías de niños famélicos.  Por eso la gente cambia de canal o pincha en otras noticias de la prensa digital. El papel apenas se vende.

Realmente poco podemos hacer, más allá de indignarnos y de tomar conciencia de lo afortunados que son nuestros hijos. Al fin y al cabo la pelota está en el tejado de la comunidad internacional, ese "ente" que encuentro inútil e inservible en muchas ocasiones y que bastantes veces justifica su inacción y pasividad en alambicados argumentos. Veremos en esta ocasión.

Me impresiona más ver a un niño sufriendo que a un adulto. Me sucedía cuando era joven y desde que soy madre me he vuelto hipersensible. Los adultos tienen -y no siempre- más herramientas para encajar los reveses. Por fuerte que golpee la vida, haber tenido una infancia feliz es un buen refugio. Lo contrario ha de ser un túnel oscuro y estremecedor del que algunos no se reponen jamás.El derecho a una infancia feliz debiera ser sagrado. No merece debate alguno. Debería ser, sin más.

No hace falta irse a Siria para descubrir que también en el primer mundo hay vidas de adultos que fueron niños dolientes, por supuesto. El más mediático en los últimos meses, a cuenta de una estremecedora biografía, es James Rhodes, un reputado pianista británico que durante años fue violado (la palabra abusos se queda corta) por su profesor de gimnasia en el colegio, mientras sus padres y toda la comunidad docente (¡¡!!) ignoraban lo que sucedía.

El James Rhodes adolescente encontró su salvación en el piano y especialmente en Bach, como le gusta recalcar. Hoy es un pianista de éxito y un padre que describe el amor por su hijo de una forma visceral, al hablar de lo que se siente “cuando te das cuenta de que te lanzarías bajo las ruedas de un autobús sin pensarlo dos veces, solo para salvarle”. Como Rhodes, yo no me tiraría debajo de las ruedas del autobús de cabeza por nadie más. No habría ninguna heroicidad en ese gesto, sería una prueba de amor materno. Igual que harían los padres y madres de los niños tristes y hambrientos de Madaya.

miércoles, 30 de diciembre de 2015

Las doce en punto (por Isa)

Era la víspera del día D, y se aproximaba la hora H. Y esta vez no podía haber ningún error. No en Nochevieja, con toda la familia pendiente de nuestra actuación estelar, con las uvas en la mano.
Por eso, no podíamos contar con él. En las últimas semanas había empezado a fallar por segundos. Se había retrasado despreocupadamente, ralentizando la salida de sus compañeros que, nerviosos por la situación, habían perdido el ritmo de la música. 
Reunidos en asamblea decidimos de forma casi unánime el castigo más severo: la expulsión. Solo se resistió la dama de la sombrilla, que siempre había sentido debilidad por su porte militar. Antes de que el mal fuera mayor, arrojamos al soldado de la bayoneta gris fuera del reloj de cuco. Desde entonces la dama desfila más triste pero se ha vuelto a imponer la puntualidad.
Ya estamos preparados para cumplir con precisión suiza.

¡Feliz salida y entrada de año!

viernes, 25 de diciembre de 2015

¡Feliz Navidad!


Las Im-perfectas aquí presentes os deseamos una maravillosa Navidad repleta de mucho, mucho amor. Que Papá Noel llene vuestra casa de todo aquello que deséeis y de todo lo que no hayáis pensado pero que os merecéis, que es mucho y bueno porque tenemos los mejores lectores del mundo. Hoo Hoo Hoo ¡FELIZ NAVIDAD! En la foto, las 4 Im-Perfectas en modo navideño, a ver si nos reconocéis ������

jueves, 17 de diciembre de 2015

Música, Navidad y buen rollo (por Chelo)


Nada menos que 21 posts en im-perfectas con el hashtag de #Navidad ¡Qué pesaditas somos! Como les tengo bastante manía a los números impares, me he decidido a escribir el número 22, esta vez con un toque musical.
Hace unos años cree en Spotify una lista con canciones “guays” de Navidad; a algunos les parecerá complicado meter en la misma frase “guay” y Navidad, lo entiendo, pero si escuchas mi selección y no hay ninguna que te guste, me comprometo a no dejar de buscar hasta encontrar una que te mole. Es una lista colaborativa en la que os animo a participar.
Para escuchar la súper lista:
Aprovecho que el tema va de música y Navidad para contaros un secreto cotilleo primicia. En uno de nuestros blogs hermanos, Canciones de Buen Rollo, han lanzado hoy mismo un reto navideño musical: buscan la canción navideña más hortera del mundo mundial ¿conoces alguna? Harán una votación en su grupo de Facebook y el más votado ganará una camiseta buenrollera ¿te animas? Yo me voy a pensar bien cual presento…


¡Felices Fiestas a todos!

sábado, 5 de diciembre de 2015

Consumismo navideño (por Arantxa)

La proximidad de las Navidades ha hecho que se haya desatado una fiebre de consumismo masivo a la que nadie parece escapar. El pródromo se desató con el Black Friday, siguió con el Ciber Monday y ahora la tendencia es imparable.

Me agobian bastante los centros comerciales, pero no me va a quedar más remedio que pisarlos para hacer las pertinentes llamadas a Papá Noel y a los Reyes Magos. Si no me convierto en Mamá Noel y Reina Maga habría una pequeña hecatombe, especialmente para mis hijas. Una Navidad sin compras no le parece Navidad a casi nadie, resulto muy poco original. Yo no soy ni antisistema ni nada que se le parezca, soy consumista como toda la gente que conozco y consumo, pero, por lo que veo, con más control que muchos otros.

El consumismo desatado, febril, esta orgía de comprar y gastar por Navidad es el signo de los tiempos, y está profundamente alejado de la esencia del espíritu navideño, por no hablar de lo insostenible que es para el planeta. Cuando era más joven me daba igual, pero con la edad y con la responsabilidad de tener que educar a dos personitas me parece que la confusión es evidente y nociva. Hasta obscena, porque realmente hay muchas familias que las pasan canutas para llamar a los Tres Reyes, para llenar la nevera, para poner la calefacción en casa en plenas Fiestas. La pobreza energética es otro signo de los tiempos en los países desarrollados, en los hogares de la sociedad de consumo. También aquí, en España, en tu ciudad, en tu barrio. No hace falta irse lejos.

Vuelvo al tema. Hace tiempo vi la entrevista que le hizo Evolé a José Mújica, ex presidente de Urugay. Es la única vez que he visto el programa, la tele me da urticaria. Lo cierto es que las declaraciones de Mújica sobre el consumismo daban en la diana, me hicieron pensar y mucho. Otras sobre otras cuestiones no tanto, pero ese no es el tema aquí. El problema es que si todos fuéramos tan austeros como el Sr. Mújica la economía se hundiría. Una economía sin apenas consumo no funciona, esto es real, pero desde luego no creo que acumular sin fin nos haga más felices. Mújica vive en un pequeño rancho destartalado en el que la mayoría de nosotros no querríamos habitar. Desde luego se podrá decir lo que se quiera de él, pero coherencia tiene la máxima.

Yo conduzco un coche que tiene diez años largos. Aunque se lo pida a Papá Noel no me va a traer otro nuevo, pero no es algo que me preocupe. Y es un hecho que hay gente que cambia de automóvil para dejar epatados a los vecinos de garaje o que lo pasa mal si no puede adquirir según qué cosas (unas botas, un bolso, el último móvil de la compañía de la manzanita).

Dicho todo esto, felices compras, consumid con responsabilidad y recordad que un obsequio, por maravilloso que sea, no sustituye el afecto y el tiempo que le das a tu gente. Una visita, una felicitación en el buzón, una llamada o un mensaje a tiempo saben mejor que muchos regalos.