
Hoy voy a rendir un homenaje los mayores... y es que, aparte de que creo que cualquier momento es bueno para hacerlo, hoy me he encontrado en el metro con un par de señoras que han hecho que saliera de la estación con un buen rollo impresionante. Paso a relatar la secuencia de lo ocurrido: Voy en mi asiento, leyendo (como casi siempre), distraida y metida en mi mundo (como siempre). El metro va a realizar su parada reglamentaria, a mi alrededor comienzan a levantarse viajeros y a situarse en la puerta para salir. Yo sigo leyendo, aún queda mucho para llegar a mi destino. Las puertas se abren y presiento a una de estas señoras de 70 yyyy... corriendo hacia el asiento contiguo al mío. Pienso: “ya estamos con las viejas que dan codazos para conseguir asiento”. Sí, lo siento, pero es que igual que os digo que este post es un homenaje a la gente mayor, os digo que hay otro tipo de personas, también mayores, y que son viejos maleducados, que me sacan de quicio... A lo que íbamos, percibo un movimiento extraño, y me giro hacia la señora que comienza a gritar el nombre de otra señora que veo que la acompaña y que con pequeños pasitos, casi arrastrandolos pies, se va acercando a la primera. Las dos van vestidas de fiesta, con lentejuelas, abrigos con pelitos y muchas joyas. Su pelo cardado y su maquillaje denotan que vienen de pasarlo muy bien. La señora 1 clava una de las rodillas en el asiento, haciendo gestos extraños y con la cara hacía el exterior. Yo me asusto, pienso que se ha tropezado, que ha perdido la razón... me giro, presta a socorrerla. La señora 2 ya se ha situado junto a la primera. Me fijo y me doy cuenta de la situación, que para nada es la que yo pensaba: ambas dos están lanzandoles besos con la mano y poniendo morritos a dos señores de su edad que se quedaban en la estación. De verdad, me encantó la escena, me recordaba a las películas en las que la amada lanza besos a su amado mientras el tren arranca, haciendo gestos exagerados para que él la vea... o cuando zarpa el barco y vamos viendo hacerse pequeñito al amante en el puerto mientras el proa (o popa, no sé) la amada agita el pañuelo...
Cuando el metro se puso en marcha, las dos señoras se sentaron y se miraron, riéndose como dos adolescentes, chismorreando y agarrándose las manos. Yo, como buena estudiante del género humano que soy (a la par que cotilla), puse la antena, y escuché lo siguente:
Señora 1: Anda, María, que está tonto contigo...
Señora 2: (sonrojándose y poniéndose la mano en la boca) Calla, calla, no veas... unas cosas... pero él ya sabe lo que hay..
Señora 1: Yo a Juan se lo dejé muy claro desde el principio... a mí me gusta para el baile y esas cosas, pero yo no vuelvo a lavar calzoncillos de ningún tío... él en su casa y yo en la mía...
Señora 2: Clarooo... yo igual, para todo, todo, menos para meterse en mi casa...
Las dos se ríen cómplices cuando la señora 2 dice “todo, todo”...
Y a mí me encanta lo que acabo de contemplar... me produce ternura y me da cierta sensación de envidia. Me maravilla que personas que sobrepasan los 70, posiblemente con mucho, que, por lo que entiendo han estado casadas, han tenido una vida anterior más tradicional, hayan logrado deshinibirse hasta tal punto que vuelven a comportarse como adolescentes. Firmaría ahora mismo para llegar a la edad de estas señoras con esa vitalidad y esa alegría de vivir... y por tener relaciones de este tipo, para bailar y para “todo, todo”... y si no apetece lavar más calzoncillos, pues claro, lo entiendo, que los señores mayores tienen otra educación y piensa que la mujer debe hacer esas cosas, y oye, pues no, que lo haga él en su casita...
Claro, que no todas las señoras mayores tienen tan claro lo del “todo, todo”. Paso a trascribir lo que me decía otra madurita de casi ochenta que se había echado un novio a los dos años de morir su marido:
“Mira, yo a Miguel le dejo que me toque y que me de besos, pero solo piquitos, con lengua no, con lengua solo le he dejado a mi Manolo... así que eso es lo que hay, lo toma o lo deja” Y Miguel lo tomó, vaya si lo tomó... (Lo de piquitos lo dijo así... y yo que creía que era una cosa de ahora...)
Y pensé en las familias de estas tres mujeres, en cómo se tomarían que sus madres o abuelas disfrutarán de esa manera de la compañía de señores... Y pensé que si alguna de mis abuelas viviera y se comportara así, yo sería muy feliz, de verdad... Claro, que ninguna de mis abuelas tendría el dinero de la Duquesa de Alba, así que los problemas con el reparto de la herencia estarían descartados, no sé lo que ocurriría si hubiera una millonada en juego, sinceramente...
Y esto son las señoras, pero os puedo contar un caso muy cercano masculino que me tiene obnubilada, mi señor abuelo, que sobrepasa no ya los 70, ni los 80, también los 90, y es todo un personaje. Conozco un guionista muy cercano a mí que quiere meter frases del abuelo en cada serie que hace, incluso nos hemos planteados hacer una película en la que él sea el protagonista. Y es que mi abuelo no solo vive “independizado” tras la muerte de mi abuela hace cuatro años, es que vive la vida a tope. Se sigue acordando de su mujer, pero él sale a la calle a relacionarse con las “viejas”, como él mismo las llama. Lo malo, según dice él, es que “son todas unas estrechas” y no permiten el más mínimo roce, “y mucho menos arrimar cebolleta”... Eso porque no se ha encontrado con las del metro... Mi abuelete tiene una vitalidad sexual que ya la quisiera para mí incluso a mi edad... Un día, mi padre, apareció en su casa abriendo con sus propias llaves, y le encontró viendo fotos picantonas... Oye, la culpa es de mi padre por entrar sin llamar, que el hombre estaba en su casa y podía hacer lo que quisiera...
Pero no es solo el tema sexual, es que es muy vitalista, le encanta el fútbol, se sigue enfadando con el Madrid cuando pierde, se va todos los veranos al pueblo él sólo y departe alegremente con cada vecino que se acerca a su casa a visitarle (y son muchos los que se acercan a tomarse la cerveza, el vino, patatas y aceitunas para el aperitivo que él no ha perdonado un sólo día en su vida) porque además es un tío super divertido, muy ocurrente y muy inteligente.
Me gustan las personas mayores que después de lo que han vivido, de todo y a todos los que han perdido en la vida (mi abuelo era profesor en la República y terminó trabajando en el campo, viniéndose a Madrid y sobreviviendo y criando a sus hijos como pudo) siguen disfrutando de la vida, de su sexualidad, de sus amorios y de todos aquellos sentimientos que se les presupone solo a los adolescentes y jóvenes. Ójala a todos les acompañase la salud, la pensión, el ánimo y la familia para conseguir vivir una segunda juventud. Y ójala nosotros, los que ahora somos jóvenes, lleguemos a esa edad de esa manera. ¡Vejez, divino tesoro!




















