martes, 22 de abril de 2014

5 años de im-perfecciones (por im-perfectas)


Hace 5 años que, con una presentación rápida, nació este blog. Cinco años en los nos han pasado infinidad de cosas, muchas de ellas reflejadas directa o indirectamente en las líneas de las más de 400 entradas que aquí descansan.

Al año de inaugurar el blog, celebrábamos 100 entradas y 100 seguidores. Hoy tenemos muchos más, algunos nuevos, otros que llevan con nosotras desde el principio. A todos, gracias por estar ahí, por leernos y por comentar. Es muy reconfortante saber que estáis ahí.

En estos años hemos hablado de todo, nada menos que 41 entradas hablando de amor, 29 de niños, 26 de trabajo. Como no, la crisis (ya sea la económica o la existencial) ha acaparado una buena ración de nuestros escritos, unos 17 textos. Según lo que escribimos, nos preocupa bastante la educación, las vacaciones, la maternidad y los hombres. También hemos hablado mucho de Madrid (las 4 im-perfectas vivimos aquí), de enfermedades (por desgracias nadie está libre de sufrirlas, nosotras tampoco), de sexo (no podía faltar) de la familia, la amistad

Para este aniversario, cada una de nosotras hemos querido destacar 2 o 3 post que por diferentes motivos queremos recordar en esta onomástica.

Chelo:

No es fácil seleccionar solo un par de entradas de las casi 100 que he escrito en el blog. Así que he decidido seleccionar sólo una y destacar la entrada de un colaborador que creo que bien merece una relectura. Como soy educada, empiezo por la que no es mía:
  • ¿Liberadas? (por elhombreamadecasa) Y es que este texto refleja súper bien lo que pienso sobre la falsa liberación de la mujer. Además, no podría empezar con una verdad más gorda: "Queremos abarcarlo todo, hasta que nos dé algo". Si no leíste esta entrada en su día, no te la pierdas y si la leíste, dale una ojeada, sigue vigente como el primer día.
  • Como segunda entrada, voy a destacar una sobre la im-perfección en su estado más puro: Hijos im-perfectos. Les dedico esta entrada a esos padres que solo ven las cosas buenas de sus hijos, que son incapaces de reconocer la no perfección en sus criaturas. Con cariño os lo digo, las im-perfecciones florecen, mejor antes que después, os lo digo yo...

Isa:

Me parece complicadísimo seleccionar solo un par de posts de estos cinco años de im-perfecciones. Pues no ha llovido ni nada... El post que más me gusta de los que se han escrito aquí no es mío, es de Germán, aunque es verdad que salgo yo ;-) Su 'Toda una vida' me parece un ejercicio de im-perfección sublime.

De los míos, me gustan bastante algunos que pasaron sin pena ni gloria y no tanto otros que resultaron muy polémicos, pero en todos he dejado un poquito de mí, en todos me he desnudado abiertamente, confesando mis vicios y rarezas, sintiendo el purificador efecto de la catarsis bloguera. Creo que haciendo un repaso por estas entradas im-perfectas cualquiera puede hacerse una idea de como soy con mis defectos y mis virtudes (si las hubiera o hubiese), y es que incluso en los que trato temas de actualidad lo hago desde mi perspectiva personal dejando clara mi opinión (o mi falta de ella) y mis propias incongruencias.

He elegido estos tres que no son ni los más exitosos ni de los que más orgullosa estoy, pero son los que mejor resumen mi condición de im-perfecta, y que son confesiones de mis imperfecciones:


Arantxa:

Con lo que me cuesta decidirme y resulta que tengo que elegir dos o tres entradas de este lustro im-perfecto. Yo fui la última en incorporarme, allá por junio de 2009. Desde entonces ha llovido mucho y también ha habido muchos soles.
A la hora de elegir mis entradas dudaba. Tengo algunos post frívolos, otros divertidos, otros melancólicos. Algunos especialmente intensos. Pero si tengo que escoger tres entradas son las que me han venido antes a la cabeza, porque tienen un significado especial para mi.
La primera versa sobre una filosofía de vida que admiro e intento aplicarme. Me gusta la gente luchadora, quizás porque yo misma me he visto obligada en ocasiones a sacar fuerzas cuando pensaba que ya no me quedaban y quiero creer que siempre se encuentran, por adversas que sean las circunstancias.

El segundo post es a propósito del amor de pareja. En la treintena casi todos -indudablemente yo- ya hemos aprendido que la pareja ideal no existe, pero no por ello queremos menos o peor. Me gusta que me quieran con mis im-perfecciones (defectos, miedos, manías) y así quiero yo.” Lejos del espejismo de la perfección ideal también se quiere bien y, sobre todo, se quiere realmente”, escribía en ese post. Y es bien cierto.

Y el broche de oro lo pone una entrada donde hablo de mis hijas. Soy una madre im-perfecta, a veces cansada o con esa sensación de que no llego a todo, tan extendida hoy en día entre las mamás que trabajan fuera de casa. Ser mamá es duro y agotador, pero sentir este amor infinito vale la pena. Soy una mujer feliz de ser madre. 

Ana: 


Ufff, como dicen mis compañeras, elegir tres post de estos últimos cincos años es una tarea colosal. Mi vida ha pegado un cambio espectacular en este tiempo (ójala no hubiera sido así, porque la verdad es que el cambio, en este caso, no mola nada nada), por eso, porque ahora mido el tiempo en "antes de la enfermedad de Pablo" y "después de la enfermedad de Pablo", he decidido escoger los post de después, porque ahora mismo son los que más me identifican, los que mejor retratan cómo me siento y por dónde va mi vida. Aquí van:

Mudanza completa 
Porque así me siento cada día, como si viviera en un continuo devenir, es una mudanza de objetos y de piel...

El presente
Siempre me ha encantado escribir, sobre todo relatos breves... Algún día me gustaría vivir de ello...

La familia y uno más
La llegada de mi perro Jarete a casa la puso patas arribas, así como nuestra vida... A día de hoy, casi un año después, nos preguntamos: ¿Cómo era nuestra vida cuando no estaba Jarete? Y no sabemos respondernos.


 

lunes, 14 de abril de 2014

Pro láser (por Isa)

Ahora que a mi hijo le ha dado por los rayos ultrasónicos, los súper héroes y los súper poderes, yo me confieso fan absoluta del láser, del de las pistolas láser y del otro, de todos los láseres en general. Y es que he tenido muy buenas experiencias con él, la verdad, y ya iba siendo hora de que le rindiese un homenaje.

Mi primer acercamiento al láser fue hace ya 8 años, para operarme la miopía. Oye, mano de santo. Mi vida cambió radicalmente después de meterme en la clínica (bastante cagada de miedo, todo sea dicho). Lo más parecido a un milagro. Despertarse y ver. Salir de la piscina o del mar... y ver, también. Que te llueva encima, haga un viento huracanado, que entres de repente a un lugar cargado o cambie bruscamente la temperatura o humedad de la estancia... ¡y veas! Quien ha sido miope sabe a lo que me refiero. Los demás tendrán que hacer un ligero ejercicio de empatía. Las gafas me generaban inseguridad y desde los 14 años insistía en el uso de las lentes de contacto, que me resultaban de lo más molestas, me irritaban los ojos y me hacían daño muy a menudo. "Me molestan las lentillas" decía cada dos por tres, "y a mí las rapidillas", me contestaba mi prima Esther, que siempre ha sido muy ingeniosa. Ahora tengo que hacer esfuerzo para acordarme del suplicio que me suponía. La felicidad es lo que tiene. Gracias, amigo láser, por tu aportación a la causa.

La segunda vez que me puse en manos del 'poder de la fuerza' fue para depilarme. Esto que a priori puede parecer menor, no lo es si se realiza una medición cuantitativa: No os imagináis la cantidad de pelos de los que he librado a la sociedad con esa inversión a plazos. La salubridad medioambiental y la lucha contra el cambio climático están en deuda conmigo. Os lo digo. Marañas y marañas de vellos de persistencia feroz que sin duda habrían menoscabado las energías que invierte este gobierno tan concienciado con la naturaleza que tenemos. Y ya fuera de los fines altruistas, qué cosa más práctica. Una de las mejores decisiones que he tomado en mi vida. La de tiempo que habré perdido yo con la cera y las diferentes generaciones de epiladys tratando de dejarme la piel de las piernas y de otras zonas más íntimas lisa, suave y rala. Dicen que donde hay pelo hay alegría, pero es una falacia. Con lo alegre que estoy yo ahora que solo me preocupan los de la cabeza.

De un tiempo a esta parte, estoy manoseando la idea de volver a dejarme embaucar por las técnicas láser, esta vez para quitarme unas manchas marrones que me salieron en mitad de la jeta tras dar a luz hace ya casi cuatro años. Me he dejado una pasta en cremas despigmentantes y en protectores solares filtro total sin apenas resultado, y aunque ando siempre escondiéndome del sol como un perro sarnoso (con lo que lo he buscado yo siempre) ahí están las jodías manchas, que me han cogido cariño por lo que se ve. Voy a tratar de conseguir referencias de pacientes satisfechas antes de decidirme... a ver si puedo sumar una hazaña más al 'poder de la fuerza' :-)


domingo, 6 de abril de 2014

Ama de casa sin devoción (por Arantxa)

El otro día en un grupo de Whatsapp con un grupo de madres de la zona lancé la pregunta “¿Alguien sabe dónde puedo comprar un hule?”. Para los y las que no lo sepan un hule es un mantel de plástico. No es elegante ni trendy, pero resulta de lo más práctico en una casa con niños. Guarreen lo que guarreen se pasa una bayeta y ya está. Una mamá dijo que el tema era marujil y nos echamos unas risas virtuales. 

Últimamente mis penas son de “maruja”. Ayer se nos estropeó  la lavadora y no lo supimos hasta que la vecina del primero tocó al timbre porque estábamos regando su terraza. A achicar la terraza de la cocina y a lamentarse pensando que mientras no venga el técnico voy a tener que lavar algunas prendas a mano.

Cuando se me acumulan estos problemillas domésticos –el  lavavajillas está pidiendo un cambio de goma urgente o la vecina volverá a subir y hay que llamar al persianista- me entra una especie de claustrofobia porque soy un ama de casa regular.  De aprobado y ya. Si me quedara en paro iba a buscarme la vida para no pasar día tras día entre cuatro paredes, porque la casa me agobia mucho. Encima no encuentro placer en ninguna sus tareas, obligadas labores en las que hay gente que halla cierto disfrute,  ya sea limpiar el polvo, planchar, tender… A mi me da todo una pereza mortal y además se trata de tareas ingratas y bastante efímeras, lo que se limpia poco dura en ese estado y así con todo. Y eso que tengo ayuda, pero aún así siempre hay algo por hacer.

Recuero que hace tres veranos, en la piscina de la urbanización, un grupo de mujeres hablaban de sus televisores. Ya he manifestado en alguna ocasión que no veo la televisión. Es más, mientras la que tenemos funcione no pienso cambiarla por una de esas que parecen mini pantallas de cine porque me da dolor gastar dinero en semejante aparato. Alguien me preguntó y yo dije que no la veía, que prefería leer. Supongo que alguna pensaría que soy una snob, pero es la verdad. Ni siquiera ver la tele me relaja como me han dicho algunas mujeres –amas de casa a tiempo completo o trabajadoras fuera- que les ocurre a ellas. Lo de recoger la cocina y plantarse en el sofá a ver la tele es un clásico pero mi me altera los nervios.


Si alguien tiene un truco para afrontar las tareas domésticas no digo como algo placentero pero no como una tediosa obligación que me lo dé. Porque seguro que lo hay, además de resignarse.

lunes, 31 de marzo de 2014

Preguntas de difícil respuesta (por Chelo)

Por suerte mis hijas siempre han sido muy preguntonas. Digo por suerte pero, depende de cómo se mire, hay veces que uno preferiría que se enteraran de las cosa por ósmosis.
Seguro que todos tenéis un hijo, un sobrino o el hijo de un amigo o conocido que te ha hecho preguntas de estas que te descuadran por completo. Además los niños tiene la habilidad de pillarte siempre fuera de juego con estas cosas. Para muestra un botón:

Hija pequeña: Mamá, ¿los frikis como nos llaman a nosotros?
Madre para sus adentros: Hija, ¡pero si nosotros somos unos frikis! 
Madre: Pregúntaselo a tu padre que sabe más de estas cosas jajajaja
______________________

Hija mayor: Mamá, me han contado un chiste pero no lo comprendo  porque hay una palabra que no entiendo.
Madre: ¿Qué palabra?
Hija mayor: Drogarse
Madre: Anda, cuéntame el chiste a  ver cómo salgo de esta te lo explico...

Esta es una pequeña muestra de esas preguntas ¿incómodas? a las que nos enfrentamos los adultos. Yo por mi parte no soy partidaria de edulcorar demasiado las respuestas, sólo lo justo para que sean capaces de entender las cosas acorde a su edad. He visto a padres explicar a sus hijos cosas muy “rarunas” en relación a preguntas más o menos comprometidas y la verdad, no le veo mucho sentido, son niños pero no idiotas.

¿Cuál es la pregunta más incómoda que te ha hecho un niño? ¿Cómo has respondido?

martes, 25 de marzo de 2014

Hoy vengo a "de pedir" ayuda... (por Ana)




Ya sé que hoy correspondería hablar de todo aquello que ha acontecido en estos últimos días (por favor, que hay épocas que no pasa nada y luego todo se acumula, como las citas y las quedadas, todo a la vez mientras en otros momentos te estás comiendo los mocos)

Tengo mucho que decir sobre la “muerte en diferido”, que la llama mi amiga Alexandra de Suárez, que me ha parecido lo más abominable que he visto en mucho tiempo. A la gente deberíamos dejarla morir en paz, es su último acto íntimo, quizá el más íntimo y personal de todos los que ha vivido. No se puede anunciar una muerte tres días antes y esperar como buitres hambrientos de carroña a que esa persona deje de respirar. No se puede utilizar a un moribundo en su agonía para llenar portadas que deberían ir dedicadas a otros temas de actualidad. El día de la gran manifestación en Madrid, Suárez aún vivía, respiraba, estaba entre nosotros. No se le puede utilizar como excusa para no dedicar una portada ese día a la enorme queja de un pueblo, que no fueron ni 2 ni 3 personas, que fueron alrededor de un millón, con muchísimo más apoyo que el de los que allí se reunieron, los que dieron un toque de atención al gobierno y a todos los políticos, a esos que legislan en contra del bien común. Y ahora todos lloran la muerte de Adolfo Suárez y le suben a los altares del asunto público y legislativo por hacer algo que es de toda lógica: dialogar, escuchar al pueblo, consensuar, buscar la unidad. Mucho tienen que aprender todos del ex presidente fallecido, una figura enorme que, si no fuera porque es una desgracia enorme, casi tendría que agradecer el haber perdido la memoria y el sentido para no ver en lo que han convertido unos cuantos la democracia por la que tanto luchó.

También se me ocurren miles de teorías, de conclusiones, de ideas, sobre el avión desaparecido, y con él la trivialización de la realidad. ¿Cuál fue el momento en el que observamos todo como si fuera una serie de televisión? ¿Cómo los informadores nos hemos convertido en meros transmisores de espectáculo? Porque todo lo convertimos en morbo, en ocasión para llenar horas televisivas, hojas de papel o páginas de internet. Son vidas las que se han perdido, tan válidas como las de cualquiera. Y nadie le da más importancia que la mera conjetura, creación de complot, de ideas terroristas, de conspiraciones de ciencia ficción… Por favor, seamos serios. ¿Dónde están las tecnologías puntas de rastreo y espionaje? ¿Estados Unidos no tiene las mejores maquinitas para estos casos? ¿por qué no se dedica a ayudar? ¿Hay que fomentar el dolor de estas familias eternamente?

Y a pesar de todo lo que podría decir y todo aquello sobre lo que podría opinar, lo concreto, lo diario, se cuela en la realidad. Los problemas de cada uno son los más grandes de todos y en mi caso no iba a ser menos.

Como ya os he comentado alguna vez, mi marido tiene Ela, una enfermedad cruel y dolorosa. Dentro de esta desesperación, hemos encontrado mucha ayuda, mucha, más de la que esperábamos. Una de las manos amigas que nos han tendido, a nosotros y a todos los enfermos, es la de Aeterna Films. Ellos son un grupo de jóvenes locos y maravillosos, profesionales como no he visto en muchos veteranos (y os aseguro que he trabajado en televisión muchísimos años con los mejores) emprendedores y solidarios con un corazón que no les cabe en el pecho. Están realizando, con su propio dinero y mucho esfuerzo, un largometraje sobre la enfermedad, hablando con enfermos, cuidadores, hospitales (los que les están poniendo un montón de pegas y obstáculos). Lo hacen por amor al arte y por solidaridad, y porque alguno de ellos ha conocido este infierno de enfermedad de cerca.

Solo piden difusión de su trabajo para que la Ela se conozca, para pedir más ayudas en investigación y en burocracia para los enfermos. Se han vuelto locos intentando encontrar famosos que accedan a aparecer en una campaña que poco a poco va tomando forma.

Aquí tenéis un avance de la promo vinculada al largometraje, con muchos (no todos) de los famosos que han participado en la grabación:

https://www.youtube.com/watch?v=MMuLi3YQnq4&feature=youtu.be

Y este un pequeño momento del largometraje

http://vimeo.com/67137881

Su página de Facebook es esta

https://www.facebook.com/ELAatrapadoentucuerpo


Por ellos y por los enfermos, os pediría la máxima difusión. Con colgar los vídeos en Facebook, Twitter, etc, ya estáis haciendo muchísimos por nosotros. Sé que lo haréis, así que muchísimas gracias!!!

lunes, 17 de marzo de 2014

Marquesa (por Isa)

Eran las cinco cuando salía la Marquesa. Todos los días. Como un reloj. La sacaba su dueña. Una mujer menuda, sonriente y muy metódica. Cada mañana se levantaba a las 6:55. Se duchaba, se vestía, desayunaba un té con leche semidesnatada y dos galletas integrales. A las 7:35 cerraba la puerta del ascensor, que era manual y de maderas nobles, como en todos los edificios de rancio abolengo que se encuentran en las áreas acaudaladas de las grandes ciudades. Tardaba entre 15 y 20 minutos en llegar a la oficina, dependiendo del tráfico y de la suerte que tuviera con el 21. El día que más tarde había llegado a trabajar, retrasada por culpa de una gran nevada, el display de su pantalla marcaba las 7:58 al encender su ordenador.
Trabajaba hasta las 16.30. Cargaba datos en tablas y sacaba estadísticas contrastables. Solo hacía una pausa de media hora a la una en punto para calentar su tartera y almorzar en el office repasando el periódico. Su labor, puro orden y detalle, le apasionaba. Pese a ello, procuraba no excederse. No era partidaria de los excesos en ningún caso. En este tampoco. Llegaba a casa, un modesto piso en una finca señorial del barrio de Salamanca, poco antes de las cinco. Dejaba su bolso, pasaba por el baño –no se sentía cómoda aliviando su intestino en retrete ajeno-, se retocaba el maquillaje, se perfumaba de nuevo y después salía con Marquesa, un cruce de caniche y chucho, para que ella también pudiera cubrir sus necesidades fisiológicas. Justo a las cinco.
Él lo sabía. Conocía su rígida rutina. Llevaba semanas observándola. Recorriendo paso a paso sus escenarios frecuentes, y había desarrollado una paciencia ansiosa para esperarla en el lugar preciso, en el momento oportuno. Los nervios le estrangulaban el estómago los minutos previos al encuentro... pero ella siempre aparecía.
Cada día, elegía una ubicación en la que poder esperarla. Unas veces, se quedaba parado en la esquina de su calle, para observar como se desviaba por la perpendicular; otras, en el kiosko donde invariablemente compraba El Mundo en su camino hacia la parada del autobús. Se quedaba muy quieto, aguantando la respiración y la veía acercarse para alejarse justo después, dejando su halo impregnado en el ambiente.

Un martes, en un alarde de osadía insólito en él, se sentó en el banco donde ella se fumaba cada tarde su único cigarrillo diario, mientras la Marquesa corría a su aire por el parque. El corazón le latía con tal energía, que temía que ella pudiese oir el furor de ese solo de batería que atronaba en su pecho. Estaban muy cerca. Casi podía rozar su chaqueta de ante, su falda de lana fina, su pañuelo de seda natural... Por fin pudo deleitarse con ese perfume cítrico disfrazado de humo, disfrutó de su proximidad como nunca antes lo había hecho y escuchó su voz por primera vez.

“¡Marquesa!”- gritó, llamando a la perra, con un tono agudo y afilado que le heló la sangre.

No podía ser. ¿Así hablaba esa mujer? ¿¿"su" mujer?? Ese registro sonoro le sacó de su ensimismamiento febril: qué voz más chabacana. El acento barriobajero, el timbre descontrolado de quién no ha sabido educar sus cuerdas vocales. Nunca había escuchado algo tan exento de categoría, tan fuera de lugar para la zona exclusiva en la que se encontraban. Sin duda, la señorita era una impostora, con esos aires refinados que ahora se tornaban fingidos a sus ojos, una vez que sus oídos le habían sacado del error. Sin glamour. Sin clase. Sin pedigrí. Como la falsa Marquesa.

lunes, 10 de marzo de 2014

Lo blanco del jamón (por Arantxa)

Lo blanco del jamón es una de las cosas que a mi hija pequeña le da asco comer. Una de tantas. Ya sea el tocino del jamón serrano o del ibérico. Es una comedora pésima y eso en una niña algo delicada -van cuatro ingresos hospitalarios en cinco años de vida, el último más serio que los restantes- es un motivo casi constante de preocupación. Y de estrés y sufrimiento.

En estos casos todo el mundo tiene la palabra justa, el consejo que dará con la solución a tu problema. Sobre todo –tiene guasa-si son padres cuyos hijos son excelentes comedores. Pero no hay recetas mágicas.

Mi hija es delgada, muy delgada, lo cual es consecuencia de comer poco y mal. El caso es que cuando nació era una moza de 3,700 gramos, un peso que para una niña está muy bien. Pero ese percentil pasó a mejor vida.

Por supuesto no se la puede forzar, pues ayer mismo, en el desayuno, esto sirvió para que vomitara toda la leche y la fruta. Si no la hubiéramos insistido para ingerir el vaso entero de leche con cacao al menos hubiéramos ganado algo, porque la pera del desayuno era prueba superada, pero de esta forma ni lo uno ni lo otro, porque lo echó todo. Lección aprendida.

Mi pequeña también es muy viva, tiene mucho desparpajo e intelectualmente es rápida. Esto hace que la gente le quite hierro al tema de la comida. “Si la niña está contenta y en el cole va genial. No te preocupes”. Pero como eres su madre te preocupas y te ocupas, por supuesto. Peregrinaje por médicos, intentos de enmendar la situación con estimuladores del apetito -una forma absurda de tirar el dinero-, lectura de libros varios en busca de la panaceaq y mucho cuidado al hacer la cesta de la compra. Todo de la mejor calidad que se pueda, vamos, que me he vuelto una pija, porque reniego de las marcas blancas en lo que a mis hijas se refiere.

Todo esto además repercute en tu forma de alimentarte, porque a veces acabas cenando el filete de merluza que no ha querido y como te da pena que el yogur esté a medias te lo comes. Y caes en que va a caducar otro producto y por no tirarlo lo dejas apartado para comértelo el día siguiente. Porque esa es otra, el derroche de comida. Aquí se ha llegado a tirar jamón ibérico que la moza había guarreado a la basura. Sé que para muchas personas es un pecado, una aberración. No sé qué harían esas mismas personas en mi lugar.

Al final te apoyas en alguna mamá que pasa el mismo infierno. Nunca se me olvidará el día que una madre me contó que una noche durante la cena tuvo una reacción visceral ante la negativa de la nena a ingerir algo que no fuera la leche, como hacía moche tras noche. Nerviosísima, la mamá tiró el plato con la comida al suelo, por no pagarlo con la niña. El cristal se rompió en mil pedazos y ella rompió a llorar. Esa niña es hoy una espigada jovencita que sigue comiendo mal, aunque su madre ya lo superó hace tiempo.

Quizás esa sea la receta, no desesperar, no desgastarse, tratar de relativizar y seguir intentándolo vistiendo la comida para que a Daniela le caiga simpático lo que vea en el plato. No me digáis que las mandarinas de la foto del blog Cosas de Katy no se merecen un buen mordisco... Por probar no perdemos nada o eso dicen.