viernes, 17 de mayo de 2013

Los 91 años de mi abuelo (por Ana)

He elegido esta imagen porque es exacto a mi abuelo con su bastón, su inseparable gorrilla y siempre pegado al periódico. El dibujo es de Joan Martí Aragonès


Mi abuelo acaba de cumplir 91 años. Está bastante enfermo físicamente, arrastra un asma feroz desde hace muchísimo tiempo, desde siempre, y ahora ya sobrevive gracias a la ayuda de un oxigeno artificial que alimenta sus pulmones y su organismo. Tiene mil achaques y hace poco le ingresaron con una infección pulmonar incurable y nos llamaron para que nos despidieramos de él porque no iba a pasar de esa noche. Esto fue hace casi un año, y aquí sigue, entre los vivos.

Es un ejemplo mi abuelo de muchas cosas, horrorosas, malas, regulares y buenas. No me he puesto yo hoy a escribir para contaros sus defectos y hablaros de su mal genio, que no solo conserva, que ha multiplicado por mil, de lo mal que ha hecho algunas cosas en su vida y de lo horriblemente que trata en ocasiones a los que tiene alrededor. No, no quiero detallar esas cosas, quiero reafirmar aquellas por las que me encantaría llegar a su edad como él está.

El señor Ángel siempre ha tenido una cabeza prodigiosa, era maestro en esa gloriosa República en la que la cultura estaba por encima de otros mandamientos, eso años que precedieron a una guerra, tras la cual tuvo que dejarlo y dedicarse al campo. Su mente, con esos 91 años a sus espaldas, sigue siendo una máquina perfectamente engrasada. Sabe perfectamente el dinero que tiene en el banco, se encarga de sus financias, pagos de recibos, etc. No confunde una sola de sus pastillas, teniendo muy claro para que sirve cada una de ellas y cuando se la tiene que tomar. Sabía perfectamente que mi sobrina no podía estar en su cumpleaños, pero lo sabía hace dos meses, porque había echado cuentas y se había dado cuenta de que ese fin de semana la niña lo pasaba con su padre, nos llama cuando le apetece o le parece con su móvil que maneja a la perfección. Se duerme oyendo "Hablar por hablar" de la Ser porque es un poco cotillo y le encanta enterarse de vidas ajenas y, os confesaré un secreto porque él no lee este blog, hasta hace bien poco (no sé si las conservará) tenía escondidas varias revistas porno que revisaba de vez en cuando (no me preguntéis cómo lo sé, es un poco embarazoso contar cómo le pillamos, ja,ja,ja)… Es realmente admirable, no tiene una sola laguna y vive en su tiempo, sabe perfectamente lo que es internet, aunque no lo maneje, y la tecnología no le es ajena…

Vive solo, con la ayuda de sus hijos que se pasan todos los días y le llevan la comida hecha, le acompañan un ratito y se ocupan de sus médicos y necesidades. Pero vive solo, se organiza, hace lo quiere… Es más, a mi abuelo le molesta que vayamos demasiado a verle o que cuando vamos estemos demasiado tiempo. Él tiene sus rutinas y sus horas perfectamente llenas. Toma su aperitivo todos los días, una cervecita o un vinito con aceitunas y patatas fritas de churrería, hace quinielas, se enfada si pierde el Madrid, ve sus películas del Oeste, lee el periódico de cabo a rabo, le grita a Rajoy a Esperanza Aguirre cuando salen en la tele, habla con su vecina con la que comparte patio desde hace millones de años… Lleva una vida todo lo plena que se puede llevar cuando la enfermedad y los años se nos echan encima. Me atrevería a decir que es bastante feliz.

Cuando fuímos a verle para felicitarle y apagar las velas puestas en dos galletas (el azúcar está prohibidísimo, así que poquito y de adorno) nos comentaba que de su quinta en su pueblo eran 26 y, como pasa en todos los sitios pequeños, todos se querían y mantenían el contacto. Con toda la pena del mundo nos decía que de ese grupo solo quedaba él, todos los demás habían fallecido, algunos hacía mucho tiempo. Se preguntaba, casi con lágrimas en los ojos, que por qué Dios hace estas cosas, cómo elige llevarse a unos y dejar a otros. Y evidentemente, surgió el nombre de “la María”, mi abuela, su mujer durante toda una vida, la persona con la que se peleaba a rabiar... siempre hemos pensado que no se soportaban porque los dos tenían un carácter verdaderamente difícil, rozando lo insoportable para una convivencia y para la relación con el resto del mundo. Quizá por ello, entre tanta pelea y tanto grito, lo que quedaba era la sensación de estar junto a la única persona con la que podían estar, el único ser que era tan antisocial y complicado como uno mismo. Mi abuelo está muy bien y hasta creo que mucho mejor, más tranquilo que cuando vivía mi abuela, pero en el fondo, la echa muchísimo de menos, le gustaría seguir discutiendo eternamente. Es otra forma de amor bastante difícil de entender, es compañía, costumbre, comprensión… no sé, a mí no me gustaría vivir como ellos vivían, pero quizá para mis abuelos era una forma de vida ideal, para ellos una pareja era pasión, locura, arrebato...

¿Qué por qué Dios hace estas cosas y elige que unos mueran demasiado pronto y otros sobrevivan hasta la edad de mi abuelo? Para mí, y con todo respeto para los creyentes, la respuesta es evidente: Dios no existe, porque si existiera, tendría que dar muchas explicaciones a las injusticias que se producen cada día… Pero esto es harina de otro post, éste va a ir concluyendo con una felicitación muy especial al señor Ángel y un deseo para él, que siga tan estupendo los años que le queden, y para los demás, que lleguemos como él a los que tiene…

lunes, 13 de mayo de 2013

Devoción por las batas blancas (por Arantxa)


El otro día fui a la revisión médica de empresa y me sorprendió mucho que el médico de la misma no le diera la importancia que se merece a la salud bucodental. Yo soy una maníaca de la misma, esto es que por la mañana y por la noche me recreo en el ritual del cepillo eléctrico, hilo dental, cepillo interdental y colutorio. En el trabajo no puedo hacer tal despliegue, cualquiera puede entrar en el baño y pillarte con el hilo colgando de la boca o escupiendo en el lavabo. El ritual exige cierta privacidad y como en el cuarto de baño doméstico no la hay.

Supongo que esta devoción viene de que sé lo que es padecer una buena infección de muelas. Fue un verano adolescente en Asturias. El nolotil no calmaba el foco y me enjuagaba todas las noches la boca con orujo, que te deja la mucosa hipersensible, pero que dormía los nervios. Y en cuanto fui a Madrid me tocó visita al dentista, que es, de todo el colectivo de la bata blanca de profesionales sanitarios, el único que me impone y mucho. Con el resto no hay problemas ni miedos. No es que yo sea especialmente valiente, es que a mi estar rodeada de los profesionales de la sanidad me gusta. No les temo y además me gusta estar al día en cuestiones de salud.

Para muestra de lo singular que puedo llegar a ser en este ámbito, vaya el siguiente diálogo en la consulta del pediatra, hace unos días, cuando la doctora estaba explorando la garganta de la nena:
Tiene las amígdalas blanquecinas- pediatra.
Infección, ¿verdad? No serán tonsilolitos - madre, es decir, yo.
- Infección, placas, vea usted- ella. Me lo enseñó. Allí estaba la infección en todo su esplendor.

La pediatra era joven y mi mención al caseum amigdalar (es bastante desagradable, por lo que quien quiera investigar al respecto que lo haga) la desarmó. Mientras escribo esto no estoy consultando la terminología médica, es un mundo que me apasiona y me quedo con todo. Y no voy de lista, aunque pueda parecerlo. Es que en temas médicos me empapo, literalmente.

Esto es así desde bien joven. Cuando tenía 19 años recuerdo una noche en la que salí de bares con mi hermana Rebeca, de 18, y compañeros suyos de carrera, y un par de estudiantes de otras disciplinas universitarias. Había allí un sujeto de lo más interesante, una rara avis que le hacía sombra a todos los individuos del sexo opuesto  que hubiera aquella noche en los bares que visitamos, porque era estudiante de 1º de Medicina. Hablando de huesos, pues quería ser traumatólogo y yo tengo una lesión en el menisco desde los 13 años, empezamos la noche y terminamos con el lupus eritematoso. Cuando nos despedimos le dijo a mi hermana que estaba alucinado conmigo. El futuro médico y yo sólo tomamos un par de copas, al revés que el resto. Por supuesto me explicó cómo afecta al hígado y al sistema nervioso la ingesta de alcohol.

No he vuelto a hablar tantas horas de medicina con nadie. En mi entorno cercano no hay médicos o enfermeros y supongo que es mejor así. Seguramente no me daría mucha cuerda, ya se sabe que en casa del herrero cuchillo de palo, y en todo caso, prefiero no alimentar este interés mío, que a veces ha rozado la obsesión. Os dejo por el ritual de lo habitual. El señor Oral B me llama.

jueves, 9 de mayo de 2013

Landista (por Isa)


Iba a escribir sobre otra cosa, pero la muerte de Alfredo Landa me ha dejado afectada y triste, así que he decidido dedicarle al difunto estas líneas. La defunción del actor no nos ha pillado por sorpresa a ninguno, con 80 años y una enfermedad que le había retirado hace años de la gran pantalla, bastantes eran los que le daban por muerto ya, y cuando han leído la noticia en Twitter se han apresurado a mirar si la fuente era Tony Cantó habitual en la publicación de obituarios caducados. Aclararé de antemano que no me une ninguna relación personal con el fallecido ni con nadie de su familia, así que el pesar no está justificado por esa parte, pero que de alguna forma, inexplicablemente, lo percibo como un abuelo del que he oído contar sus batallitas una y mil veces en formato de película.

La primera vez que ví a Landa, que de forma consciente estuviera viendo a Landa, fue con una de esas películas que engrosan la lista de filmes del denominado Landismo, 'No deserarás al vecino del Quinto' de 1970, una cinta cómica que roza el bochorno y en el que Alfredo interpreta a un gay con perrito y con una degradante peluca rubia. Yo era una chavalita pre púber y recuerdo haber pensado: "si esto es el landismo no me gusta"... y lo cierto es que he visto pocas de todo el chorreo de pelis que protagonizó Landa haciendo de español bajito acomplejadete a la par que pícaro, que se inició con 'La ciudad no es para mí', de Pedro Lazaga, y que duró más de 20 años.

Por suerte, luego tuve la oportunidad de revisar sus inicios, donde tiene un papel secundario en la sobresaliente 'Atraco a las tres', de José María Forqué, o como monaguillo en esa joya de nuestra historia cinematográfica que es 'El verdugo', de Luis García Berlanga y, sobretodo, esa excelente década de los 80 con personajes tan célebres como el bandido Fendetestas y su grito de guerra "¡Me caso en Soria!" de 'El bosque animado', de José Luis Cuerda, la película que me descubrió a Landa como el actorazo que era. 

Después vendrían (por orden de descubrimiento, no de producción) 'La vaquilla', de Luis García Berlanga, 'El puente', toda una road movie de Juan Antonio Bardem, la impresionante 'Los santos inocentes', de Mario Camus y sobretodo 'El crack', de José Luis Garci, una de mis pelis españolas favoritas por el género, el cine negro me entusiasma, por la combinación de ambientes y lo bien que transmite el clima de una España en plena crisis, y por la excelente interpretación del papel protagonista por parte de Landa, una versión española de detective privado (mi vocación frustrada).

Muchas veces reconocía en la mirada brillante de Landa desde la pequeña pantalla el salón de mi casa familiar, la mirada de mi propio padre, de mi abuelo, de mis tíos... es una forma de mirar, muy de hombre español, con esa mezcla de furor contenido y melancolía que caracteriza a nuestros machos ibéricos, a los buenos. Landa era de esas personas que me hacían reconciliarme con mi patria y verle las cosas buenas al carácter autóctono. Por eso siento la pérdida del actor un poco mía.

"Si hay que morirse, pues se muere uno, que ya he vivido lo mío. Mi vida ha sido cojonuda" 
Alfredo Landa (1933-2013)
Sí, señor. Amén y DEP.

martes, 7 de mayo de 2013

Respirando África (por Chelo)

Paz. Serenidad. Buenas emociones. Relajación. Fuera prisas. Fuera estrés. Todas esas sensaciones y otras muchas, todas positivas, son las que han marcado los últimos días de mi vida. Días en los que he tenido la oportunidad de conocer África. Nunca pensé que un viaje de las características que había planificado me diera tanta paz. He pasado unos días en Maputaland, al este de Sudáfrica, en la zona noreste de KwaZulu-Natal y ha sido maravilloso. Ha sido un viaje de placer y no he vivido la realidad más cruda de gran parte de las regiones de este diverso continente y tampoco era el objetivo. Me he centrado en la parte buena, su sabana, sus paisajes, su gente, sus animales, su comida... No había imaginado que un viaje así me dejara tanta huella y espero que me dure muchísimo! Os dejo una foto de uno de los atardeceres, no me digáis que no es para para parar el tiempo y quedarse allí, contemplando el horizonte, horas y horas, sin móvil, sin tele, sin ni tan siquiera un libro, sin nada! Simplemente respirando África.


Tengo muchas anécdotas y cosas bonitas para contaros sobre este viaje, historias de los zulús que viven allí que te dejan maravillada por ese concepto tan diferente de entender la vida, de manejar las prioridades, historias sobre los animales, chascarrillos sobre "confusiones lingüsticas" con las que nos hemos partido de la risa (que atrevida es la ignorancia, la nuestra me refiero)... prometo ir contandolas pronto por aquí.

lunes, 29 de abril de 2013

Crisis de los 40... a los 37 (por Ana)




Ayer vi un capítulo de “Modern Family” (serie que os recomiendo encarecidamente, hay capítulos con los que no me he podido reír más) en el que uno de los personajes cumplía 40 años. Se trata de una persona normalmente risueña, optimista y feliz, la que da el punto cómico a una pareja de gays en la que uno de ellos es el serio que tiene los pies en la tierra y el otro es soñador e imprevisible. Pues durante todo el capítulo se cambiaron las tornas, el cumpleañero se mostraba irascible y preocupado por una fiesta que supuestamente tenía que ofrecerle su marido para celebrar su onomástica. Finalmente, el ya cuarentón (que mal suena siempre esta palabra) descubre de sí mismo que lo que le pasa es que está aterrado por la edad que cumple. Llora y llora y sé pregunta qué ha sido de su vida, por qué no ha conseguido todo lo que quería y se suponía que iba a tener cuando llegase a la cuarta década de su vida…

Algo en mí se removió… últimamente yo me encuentro igual que este personaje al principio del capítulo, irascible, un poco deprimida, preocupada… Vale que tengo razones para estar un poco más tristona de lo normal, pero yo siempre he sido una persona muy vital, que disfruta de las pequeñas cosas y que suele ser bastante optimista respecto al futuro (a pesar del gran palo que me ha dado la vida, los que leéis asiduamente el blog sabéis de qué hablo) En estos últimos meses me cuesta sonreír como antes, sentirme bien porque he cambiado las sábanas y voy a dormir entre tela que huele a suavizante, acurrucarme en el sofá y tener una sensación maravillosa, que alguien me obsequie con un detalle y que la felicidad de sentirme querida me acompañe varios días. Últimamente todo se me hace cuesta arriba y pienso demasiado en el futuro… Así que creo que yo también estoy pasando la crisis de los 40… eso sí, a los 37…

No hay día que no piense qué va a ser de mi vida a nivel laboral. Yo siempre he sido la gran promesa de mi familia, la primera que cursó una carrera universitaria, que empezó a trabajar antes de terminar de estudiar, la que podía con todo y tenía un futuro prometedor… ¿y en qué me he quedado? Por las circunstancias, ahora mismo no trabajo, pero no sé si podría hacerlo en caso de querer, mi carrera no es tan maravillosa como para que las empresas se peleen por mí… Sigo siendo joven para muchas cosas, pero mayor para muchísimos trabajos… A estas alturas, se suponía que iba a ser directora de programas, ejecutiva en alguna televisión, guionista de éxito… no sé, que iba a destacar en algo, y me he quedado en una más del montón de periodistas que ahora mismo está en paro.

Mi casa tiene 40 metros, llego con apuros a fin de mes… no sé, no era esto lo que se suponía que iba a ocurrir, no son los planes que se suponían trazados para mí… La vida pasa y no sabes muy bien a dónde te va a llevar porque has perdido los sueños y las ilusiones por el camino… Y la situación actual de este maldito país no ayuda para nada a los que nos vamos haciendo mayores…

Y no es que me queje de mi vida, de verdad, me gusta mucho, pero mucho, quitando la enfermedad que me rodea, todo lo demás, en el plano personal, es fantástico: tengo amor a raudales, de mi pareja, de su hija, de mi familia, de la suya, amigos estupendos que hacen que nunca me sienta sola… Es el plano profesional y económico el que me atormenta…Quizá es que siempre hubo demasiadas expectativas sobre mis hombros, mías y de los demás, y de algún modo siento que estoy fracasando, que no he llegado a nada de aquello que el resto y yo misma esperábamos…

Tampoco es que esté así siempre ni que estos pensamientos me ronden la cabeza continuamente, pero sí que lo hacen bastante más a menudo que antes y no me gustan pero nada…

Lo que más miedo me da es que tengo 37… ¿todavía me quedan tres años de crisis? ¿Alguien más ha pasado por esto y me puede decir cuándo empiezas a aceptar la realidad y dejas de pensar tanto en el pasado y en el futuro?

martes, 23 de abril de 2013

Alta tensión escolar (por Arantxa)

Justo hoy hace dos semanas se sometía a la votación de los padres en el colegio al que van mis hijas el proyecto de jornada continua. Tenía el pálpito de que no saldría, pues es necesario que se cumplan dos condiciones: en primer lugar, que voten 2/3 del censo de padres, y como segunda condición, que de esos votos haya 2/3 favorables a la implantación de la jornada.

Últimamente sucede que acierto es mis corazonadas. Pero en este caso, aunque era el resultado que deseaba, tenía miedo a que no saliera la continua. Sentía temor a la reacción de los padres que sí querían el horario continuo, porque ya había visto en ellos muestras preocupantes de intolerancia hacia la postura de los que no la queríamos.  Los de este grupo sabíamos que nuestra arma era no hacer quórum y por eso mayoritariamente no hemos ido a votar. Y la jornada seguirá en septiembre como estaba, partida.

Y es algo que no se nos perdona. Haber hablado con otros padres que no querían la jornada, comentar entre nosotros que lo mejor era no votar. Calladitos hubiéramos caído en gracia. Resulta que en el ejercicio de la libertad de expresión los padres del sí han hablado entre ellos para que ninguno se olvidara de ejercer su voto afirmativo. Me parece tan lícito y respetable como que los del otro bando hiciéramos lo propio jugando con la baza de la abstención.

La jornada continua no ha salido y he pasado días de alta tensión. Tensión que he somatizado de varias formas, por supuesto con insomnio, y hasta en la piel, en forma de dermatitis en las piernas.

Han sido días en los que ir al colegio ha supuesto hacer una incursión en la jungla, porque los del sí estaban recogiendo firmas para impugnar la votación y el mal ambiente se palpaba en la puerta. Días en los que he escuchado palabras subidas de tono dirigidas a algunos de los padres partidarios de la jornada partida. He visto escenas dantescas, personas sacadas de la España profunda –un grupo minoritario- exigiendo enardecidas “la cabeza” de las mamás que habían hecho proselitismo a favor del no (como si ellas no hubieran hecho lo propio con el sí) y de la abstención para que no se alcanzara el número necesario de votos.

En una conversación intenté razonar con algunas de estas personas, pero la furia irracional, tras conocer que en el colegio no se implantará la jornada continua el próximo curso, les cegaba.

Es realmente agotador tratar de dialogar con alguien que no razona pero se cree sobrado de razón. Es muy desagradable oir insultos y palabras malsonantes y palpar como los padres del centro estábamos divididos en dos bandos. Es inquietante saber que tus, en este caso, mis conversaciones, han sido escuchadas por otros padres, que me han puesto en una lista negra: la de los padres que no queremos la jornada continua, no al menos como estaba planteada en el proyecto.

Aunque me ha afectado mucho he estado serena, me he mostrado siempre respetuosa y he actuado con lealtad hacia las dos personas que han sido tomadas como cabeza de turco por los papás que querían la jornada continua. Porque lo fácil era dejarlas solas y culparlas a ellas dos solitas de haber promovido la abstención -¿acaso eso es delito?-, pero no lo he hecho. No las he dejado a su suerte.

Ya comenté hace meses por qué no estoy a favor de la jornada continua en un post. Lo que no sabía era que defender mi postura me causaría tantos sudores y desvelos, pero sin hacer ningún alarde de valentía, creo que lo más digno, y también lo más difícil, ha sido apoyar lo que creía justo, por mis hijas y por mi.

viernes, 19 de abril de 2013

Al cole (por Isa)

Últimamente vivo en un constante monotema continuo (valga la rebuznancia).

Saco el dichoso tema con mis amigas, compañeros del trabajo, mi familia, las del Pilates... No hay nadie que mínimamente me conozca y con quien tenga una relación asidua que no sea consciente de cual es mi actual motivo de desvelo.

El recurrente topic también surge, por supuesto, con los otros: el resto de padres que están en mi misma situación. Gente con la que hace un par de meses apenas había cruzado un par de frases y sonrisas cordiales y que ahora hago partícipe de mis inquietudes y (lo que es peor) influyen en mis opiniones.

La cosa es sencilla, no se trata de ningún misterio irresoluble, ni de una cuestión de vida o muerte y es que dentro de unos meses mi pequeñín de 2 años dejará para siempre la guardería a la que lleva asistiendo a diario desde que tenía cinco meses para ir al cole. Así que estoy inmersa en pleno proceso de búsqueda de colegio.

Mi enano está a poco de dejar de ser bebé para ser niño y reconozco que se me está atragantando el trámite. No es sólo la constatación (una vez más) de la vertiginosa velocidad de la vida, si no también como siempre de la lástima por dejar algo atrás y de la incertidumbre de lo que encontraremos.

Voy a echar de menos la escuela infantil -como les gusta llamarlo a quienes ejercen allí su profesión- con su letrero mellado de una letra, su temible escalera, el olor inconfundible a pañal acumulado cuando llego a recoger a mi hijo en el horario de sacar contenedores, el golpe de nostalgia olfativa a témperas y plastilina, a su carismática directora, Chiqui, en la que visualicé a la im-perfecta Ana de mayor hace ya más de dos años lo que fue determinante para elegir el centro (una mujer menuda de ojos sonrientes y sagaces)... y por supuesto, a sus profesoras: Laura, Cristina, Ana, Esther, Ángela, Marta, Patri, Naza... Sé que, por su corta edad, es difícil que el niño recuerde algo de estos años y de ellas, pero pienso ayudarle a reconstruir sus recuerdos con fotos y sensaciones.

Pero ahora lo que toca es pensar en el futuro cercano. Hay que elegir cole y la selección me tiene abrumada. ¿qué valoro más? ¿ la distancia o las instalaciones? ¿es suficiente una visita al centro en la jornada de puertas abiertas para hacerse una idea? ¿varía mucho el método pedagógico de unas escuelas a otras? ¿realmente es fiable la opinión subjetiva de otro padres? Empiezo a estar harta de darle vueltas a las mismas cuestiones una y otra vez sin sacar nada en limpio... y es que, francamente, creo que al final toda elección es una lotería.