lunes, 31 de agosto de 2015

En ocasiones… hago pan (por Chelo)


A estas alturas ya quedan pocos conocidos que no sepan que mitigo el estrés laboral hacienda pan. Pongo la mano en el horno apagado ahora mismo porque nadie de mi entorno hubiera apostado ni cinco céntimos porque yo fuera capaz de hacer pan comestible hace… no tanto, dos o tres años. Pues sí, hago pan, se deja comer y de paso, disfruto bastante del proceso. Además, desde que me ha dado por los hornos, estoy mucho mejor de lo mío. Quien me lo iba a decir.

Respecto al estrés hay algunas cosas que puedes hacer y una de ellas es buscar alguna actividad que te ayude a dejar la mente en blanco, a olvidarte de las preocupaciones y por supuesto que te divierta. Esta afición del pan casero además es muy provechosa, porque el pan luego se come. Lo tiene todo oiga.
Luego está la gente que hace pan. Así en general como concepto y en particular con nombres y apellidos. Esa gente que conoces conforme te adentras en esta aventura, en cursos, quedadas panarras, redes sociales… En fin, la vida del panadero casero es una vida muy social, cualquier excusa es buena para juntarse a comer, beber y/o lo que se tercie. Siempre con buen pan de por medio. Porque al que le gusta hacer pan, le gusta compartirlo, que otros lo prueben, observar sus caras y aunque siempre habrá gente incapaz de valorar un buen pan frente a otro malo (no les culpo, imagino que esto pasa con casi todo) la mayoría de la gente sabe disfrutar de los buenos sabores y olores que da el pan bien hecho. A los que hacemos pan nos gusta compartir esto.

Es increíble la cantidad de gente que hace pan en casa y comparte su conocimiento de forma totalmente altruista que yo sepa. Hace un par de ediciones coincidí (en realidad la busqué para que me firmara uno de sus libros) en la Feria del Libro con Susana de Webosfritos  y me dijo una frase con la que estoy muy de acuerdo:  “La gente que disfruta cocinando suele comer bien y se le nota en el carácter, en el humor”. Estoy de acuerdo. Puedo asegurar que en el mundo del pan esto es así en la mayoría de los casos.

Y bueno, todo este rollo para preguntaros, ahora que la mayoría hemos vuelto de vacaciones y se nos presenta una de las etapas más estresantes del año, (volver de vacaciones y retomar las rutinas) ¿qué aficiones consiguen que os olvidéis de todo? ¿tenéis tiempo para hobbies?
  
PD1: Al que le interese, aquí os dejo mi blog (todavía en beta) de pan y otras masas: Im-perfecta haciendo pan... y lo que se tercie

PD2: Hace un par de años Isa ya nos habló desde otro punto de vista del tema de los hobbies: ver aquí

martes, 25 de agosto de 2015

Mi dolorido pie izquierdo (por Arantxa)


Este verano mi pie izquierdo del que ya hablaba en 2009 me ha dado más guerra de la normal, en forma de bastante dolor e inflamación en su hallux valgus (en cristiano juanete)-. Por momentos he barajado la idea de operarme. Los masajes y los incómodos aparatos de ortopedia para dormir no sirven de nada. La única solución es quirúrgica.

Más que la operación en si -aunque meterse en un quirófano siempre implica cierto riesgo- lo que me da miedo es el postoperatorio, por ser lento y muy doloroso, me han segurado varias fuentes. También impone un poco el hecho de que los traumatólogos sean más proclives a medidas  que alivien el dolor en la zona antes que a abrir y acabar con el maldito. La cirugía de la zona es complicada, sobre todo porque los pies soportan el peso del cuerpo y si la operación no es satisfactoria al 100% puede dar muchos quebraderos de cabeza.

Con esto del verano y aunque parece que la moda del selfie de los pies en la playa está algo superada, hay quien no se resiste a plantar en las redes sociales la imagen de sus pinreles mirando al mar por más feos que sean. Por supuesto, cada uno es muy libre de publicar lo que estime, aunque me choca si hablamos de pies con juanetes. Ya he visto al menos un par de casos, fotos de pies con unos claros y evidentes hallux valgus que las dueñas (las que lo padecen suelen ser mujeres) lucían con aparente orgullo. Los juanetes son una deformidad desagradable -eso sí, hay estadíos más y menos avanzados- y por eso me extraña que la gente enseñe deliberadamente algo tan espantoso. Los pies en general resultan antiestéticos y con este "aderezo" más aún.

En mi caso es una marca de familia, que no he heredado en los dos pies, algo que suele ser lo más frecuente. Hasta en eso soy un poco rara.

martes, 18 de agosto de 2015

Agosto, frío al rostro (por Isa)

Esta sí que tiene el rostro frío...
A Dios pongo por testigo que algún día haremos una sección im-perfecta de refranes y dichos patrios desfasados, sin sentido, incorrectos, im-perfectos o directamente tocapelotas... yo tengo una lista bastante amplia de frases hechas que odio escuchar y una de ellas es esta: En agosto, frío al rostro.

Agosto es el mes de las vacaciones en España, cuando todo se paraliza y el país al completo se aletarga en una suerte de siesta de 31 días en los que los españolitos hibernamos como los osos, pero al revés (en lugar de resguardarnos del frío, nos resguardamos de 'el caloret' que diría nuestra querida im-perfecta Rita Barberá.



Dicho lo cual, lo de en agosto, frío al rostro es una incongruencia garrafal salvo si se tiene en cuenta el efecto del progreso con nombre y apellido: Aire Acondicionado (A/A). Ya en 2011 escribía este post ('Con el calor como excusa') sobre lo poquito que me gusta el A/A y puedo constatar que 4 años después me mantengo en mis trece. Os lo digo con mocos en el pecho, congestión nasal, dolor de oídos y tos perruna: ¡Viva el caloret y muerte al A/A con su puñetero frío al rostro!

lunes, 10 de agosto de 2015

Siempre odié el verano (por Ana)

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Me toca reponer y me pilla en mal momento. He cogido un resfriado de estos de padre y muy señor mío, de los que en verano hacen que lo pases mal multiplicado por tres. Si es que hasta para enfermar es malo el verano.

Siempre he odiado el verano, y cómo expliqué en mi post de reposición, la gente me mira con malísima cara cuando lo digo e incluso piensan que es un poco de postureo, que lo hago por hacerme la interesante, pero no, señores, odio el verano con todas mis fuerzas, y cada año más. He elegido este post como reposición porque este estío me estoy fijando en que hay mucho chaquetero, muchos de los que antes me recriminaban mi gusto, ahora piensan lo mismo que yo. Y, ¿qué les ha hecho cambiar? Cuatro olas de calor inaguantables, una detrás de otra, que están consiguiendo que esta estación pierda adeptos a marchas forzadas. Pero yo no, señores, yo SIEMPRE, SIEMPRE, ODIÉ EL VERANO... Muchas cosas han cambiado desde ese post, la peor, que mi marido ya no está conmigo, otro gran fan del sol y el calor... Pero por lo demás, me suscribo a mí misma todo lo que dije entonces...

Que tengan ustedes el mejor verano que puedan y que sea largo para los que lo adoran y corto para los que lo sobrellevamos...

lunes, 3 de agosto de 2015

Madrid mon amour (por Chelo)


Bienvenidos a las recopilaciones veraniegas de Im-perfectas.
Como todos los agostos, desde esta semana y durante las próximas 4 o 5, las im-perfectas recopilamos post del pasado para hacerles una pequeño homenaje veraniego. Vaya por delante que esperamos que estéis donde estéis, en la playa, en el monte, de viaje o en vuestras casas, podáis disfrutar mucho de este caluroso verano.

El post que hoy recupero es de octubre del 2013, lo escribí en mi veinte aniversario viviendo en  la capital. Me gustaría que echarais un vistazo a los comentarios que suscitó este post, esas diferencia de percepción de la ciudad para los madrileños de adopción y los gatos de siempre. Las comparaciones con mi querida Barcelona. Sigo opinando igual que cuando escribí este post, lo mejor de Madrid son los madrileños y aunque no me importaría cambiarme de ciudad, vivo muy a gusto y feliz  aquí y de momento, aquí me quedo.

En el post de referencia os pongo dos canciones de Sabina sobre Madrid que me encantan, pero ahora en pleno agosto no se me ocurre mejor tema sobre la “la capi” que la de LosRefrescos, el himno oficial para los veranos en la Villa  (que no “de la Villa”): Aquí no hay playa (1.986).

Os dejo con una versión modernizada de este clásico: No hay madrileño, adoptado o no, que haya pasado su juventud en Madrid y que no haya bailado este tema pegando saltos cual poseso en los bajos de Arguelles. 
Aún sin playa, Madrid mola mazo.



Post compelto: 20 años de Madrid


miércoles, 29 de julio de 2015

Mi dermatitis de verano (por Arantxa)

Hace justo un año publicaba un post sobre un fuerte brote de dermatitis atópica que aquejaba a mi hija pequeña. Es verano y el sudor, unido a los chapuzones diarios en la piscina mantiene su piel con alguna roncha y picores –la playita le va a dar un respiro- pero soy yo la que ando fastidiada, aquejaba de un tipo de dermatitis más extraña, con un picor espantoso en las manos, una afección me que provoca una quemazón bestial. Tengo la sensación de que mis dedos arden, literalmente. Esto se llama dishidrosis, una afección cutánea no contagiosa, pero muy latosa. Nunca la había padecido y espero no volver a sufrirla.

Me dio ayer la doctora, entre otras recomendaciones, la de que evite el agua o que me proteja del contacto con la misma salvo lo imprescindible. Es una tarea hercúlea estando en verano. Aparte de la piscina, me ducho unas dos veces diarias, así que, empezando por ahí, mal vamos. El agua del mar tampoco es lo ideal, al revés que para otras dermatitis.

Como soy algo obsesiva  y ahora de vacaciones me acuesto muy tarde, he estado buscando bastante información en internet y se me caía el alma a los pies viendo fotos de manos descamadas, en carne viva por la dishidrosis. Supongo que en estadíos muy avanzados. No voy a llegar a esos extremos, soy ultra meticulosa con las prescripciones médicas y el tratamiento voy a hacerlo a rajatabla.

La mayoría de la gente con una piel sin estos padecimientos piensa que las dermatitis, atopías y los eccemas cutáneos son males menores. Algunos lo califican de chorradas, tal cual. No son graves, pero pueden resultar muy molestos e impedir cosas tan cotidianas como caminar, cuando la zona afectada es la piel de la planta de los pies –conozco gente a la que le ha sucedido-. Todo ello unido a que el aspecto es antiestético y la gente enseguida cree que es algo contagioso.

Tengo la piel regular desde pequeña y nis hijas también. Entonces éramos poquitos los niños que andábamos con estos rollos -ni siquiera se nos llamaba atópicos-, pero ahora hay un montón de críos con atopías y cada vez más adultos. Será la contaminación o la exposición a químicos y, como dicen algunos, el clima excesivamente seco de Madrid. Si pudiera, por este y otros motivos, yo emigraba al norte peninsular, pero como no es posible, cortisona y mucha paciencia.

miércoles, 22 de julio de 2015

Reflejo (por Isa)

El agua me llegaba por la cintura. No estaba muy fría, pero aún así notaba como los dedos de los pies habían perdido su autonomía, agarrotados en bloque dentro de las zapatillas que pesaban como dos piedras cada vez que tenían que emerger del lodo. En cambio, la hebilla del cinturón, gruesa y metálica, se había vuelto ingrávida pero me quemaba el vientre como un hielo, y los pantalones se habían pegado al cuerpo como una segunda piel rugosa y anfibia.

Seguí avanzando despacio hacia la orilla, que parecía alejarse de mí. Volví la cabeza, la otra orilla quedaba más lejos aún pero todavía se escuchaban nítidos y potentes los ladridos de los perros salvajes. La corriente había arrastrado al más intrépido y, afortunadamente, los demás habían decidido no seguirle. 

Me dolían los brazos de llevarlos en alto, sujetando mi mochila sobre la cabeza, cuando divisé una figura humana a lo lejos. "¡Socorro!" grité con energía. Pero las sílabas se quedaron dentro arañándome la garganta y de mi boca no brotó ningún sonido. "¡Eh! ¡¡Ayuda!!" -volví a intentar en vano, mientras me bamboleaba intentando llamar la atención de aquella sombra.

Aún no sé cómo, conseguí alcanzar la tierra. Tiritaba. Febril y exhausta, arrojé la mochila sobre la hierba y me dejé caer encima. Intenté captar los tenues rayos de sol que aún quedaban para recobrar la temperatura corporal. Debí quedarme dormida y al despertar, la cabeza me martilleaba como en una resaca antológica y el cuerpo me ardía. Me levanté y comencé a caminar con las zapatillas rígidas por el fango reseco.

Noté movimiento entre los árboles. Me pareció ver otra vez la silueta que había visto desde el río. Aceleré el paso y grité "¡Eh, hola, espera!". Ahora sí se escuchó. Parecía una chica, el pelo liso castaño sobre los hombros, vaqueros, camiseta... Huía. "Espera, por favor, no sé dónde estoy". Se detuvo, de espaldas a mí y dejó que me acercara. Tenía mi estatura. Le toqué el hombro y se volvió mostrándome su rostro, el mío, aterrorizado al reconocerse en mí. Gritamos. Pero esta vez nadie, salvo nosotras mismas, nos pudo escuchar.