miércoles, 18 de mayo de 2016

Sobre las tribus, la copa menstrual, la crianza naturalista y estas cosas tan modernas (por Isa)

Los Boras, tribú de la selva amazónica peruana
La pediatra de mi hija Lola, que es muy maja, me dijo hace unos meses que la niña se despertaba mucho por un instinto ancestral que tenían los bebés y que les hacía permanecer alerta ante los peligros que pudiesen acecharnos a todos, que ellos no sabían si vivían en un piso en Chamberí o en mitad de la selva amazónica. "Pues la moza nos ha salido jefa de tribu", fue la respuesta de su padre. No sabía él que esto de las tribus se iba a poner tan de moda.

La que ha sacado lo de la tribu a la palestra ha sido una diputada de la CUP, Anna Gabriel, que es de estas personas que cada vez que abre la boca sube el pan. También llevaba tiempo queriendo escribir sobre la copa menstrual, de sus ventajas y de lo poco mainstream que es, pero en la CUP han conseguido con su defensa a ultranza hacerle la campaña de primavera  a Tampax. Así, de gratis. La copa es cojonuda. Es práctica, barata e infinitamente más ecológica que tirar de celulosa para paliar la hemorragia mensual que sufrimos las mujeres. Pero no, no es perfecta. Es im-perfecta, como todo en esta vida. Y tiene sus inconvenientes: hay que meterse los dedos para ponértela y quitártela, y te los manchas claro, y hay que lavar el artefacto con agua y no siempre tienes un lavabo cerca. A mí, me compensa pero habrá quien prefiera seguir usando tampones o compresas y me parece perfecto. Solo faltaba.

Anna Gabriel también se ha declarado defensora de la crianza colectiva, en tribu, y por supuesto han salido desde la caverna a meterse con ella y con su flequillo de 'aberchandal' visualizándola en taparrabos en mitad de la jungla. Ese es el nivel. Pero también han salido los partidarios de la tribu. Y oye, a mí me parece muy bien que la gente críe a sus hijos en comunidad o como les parezca oportuno, pero sin faltar. Con todo este rollo de la maternidad naturalista y el apego hay mucha intransigencia y mucho fundamentalismo. Ya lo expresé con el tema de la lactancia materna y sigo pensando lo mismo. Me parecen válidas todas las opciones siempre que se hagan desde el respeto a las otras alternativas. Y eso es lo que echo de menos en estas corrientes, que en cuanto no estás de acuerdo con sus tesis te tachan de cochina capitalista o de madre desnaturalizada cuando menos.

Yo soy anticapitalista. No me gusta el sistema y creo que hay que buscar fórmulas para que no nos engulla como lo está haciendo. Pero también soy progresista. Y feminista. Creo en la igualdad de derechos entre hombres y mujeres. Creo en una sociedad en la que de la crianza se pueda ocupar tanto el padre como la madre, y en la que tener dos mamas no sea condición sine qua non para ocuparse de un crío. En la que las madres puedan dedicarse a sus carreras profesionales sin cargo de conciencia por no estar cuidando a sus hijos.

Pese a lo que algunos pretendan hacernos creer, darle leche de fórmula a un bebé no es envenenarle, parir en un hospital no tiene porque ser una experiencia traumática, no dormir con tus hijos en la misma cama y enseñarles a dormir en su habitación no es de nazis, darles un bollo industrial de vez en cuando no aboca a tus vástagos a la obesidad sin remisión, contratar a una persona para que se quede con tu bebé o llevarle a la guardería unas horas no es desatenderle emocionalmente...

Me dice una amiga que lo de la tribu no es otra cosa que lo de siempre: familia y a amigos. Contar con la familia y los amigos está muy bien, pero también está muy bien no hacerlo. Y si tienes a la familia a 400 kilómetros, si tus padres se han muerto o son mayores, ¿qué pasa? Y sí, a pesar de tenerlos cerca y sanos decides que no quieres enmarronarles a diario y por la patilla con tus criaturas. Y qué hay de malo si decides darle una oportunidad laboral a una persona para que se ocupe de tus hijos de vez en cuando y de paso que les ayude con los deberes o les enseñe inglés.

Yo he tenido hijos para criarlos. Lo que quiero es disponer del tiempo necesario (y justo) para poder hacerlo. Y que su padre también lo tenga. Me gusta que nosotros seamos los responsables de su educación y de su crianza, es mi opción. Nuestra opción. Como la de otros será hacerlo en comunidad. En un post que he leído recientemente (Yo sí quiero que me devuelvan a la tribu) defienden que la crianza comunitaria no es algo moderno, si no que es como se hacía hace un siglo escaso. Sí, así es. Y así sigue siendo en la mayor parte de los países en vías de desarrollo en los que he estado, en los que comunidades de mujeres se ocupan de la crianza de los hijos y de la economía familiar, mientras los hombres gozan de la libertad profesional e intelectual (o del ocio etílico, muy a menudo). Eso es lo que había antes, y para mí no es mejor que lo que hay ahora. Puede que lo de ahora no sea bueno, pero la solución no está en volver a lo de antaño. Lo disfrazan de modernidad y en muchos casos es involución.

domingo, 8 de mayo de 2016

Ser madre agota (por Arantxa)


El otro día publicaba una im-perfecta en su muro acerca de las reacciones de la gente sin hijos cuando las personas que sí los tienen les escuchaban hablar de su agotamiento. Por supuesto, como concluimos en el hilo, cualquiera puede sentirse cansado con o sin descendencia, faltaría más, pero cuando la situación es esta última el agotamiento puede llegar a ser extenuante.

Cuando son bebés el cansancio es extremadamente físico. En mi caso no se llevan ni dos años, son inquietas, especialmente la pequeña, y se dieron otras circunstancias que algunos día me hacían sentir muy al límite de mis propias fuerzas. Yo he llorado de puro agotamiento, más de una vez y más de dos... Así que en algún momento puede que no disfrutara plenamente de la etapa y en ese sentido prefiero con mucho la actual. Eso sí, si miro atrás siento que tuve valentía y tiré bien del carro.

Pero resulta que cuando crecen  tienen otro tipo de necesidades y a tu cansancio físico añades el mental. Pasas de estar con tus cachorritos-bebés, a los que alimentas, bañas, paseas, cambias el pañal y llevas puntualmente al pediatra a criar y educar a, en mi caso, dos personas que a veces agotan emocionalmente. Te preocupas por los exámenes, por si tienen un disgusto con una amiga, por si sufren por esto o aquello. Extraescolares, médicos, todo el día corriendo con la lengua fuera. Y por supuesto quieres ser una buena madre, que se sientan queridas, protegidas y que sean felices. En ese sentido esta etapa conlleva retos y dificultades mayores y grandes alegrías. A mí se me caía la baba con mis bebés, pero ahora es mucho más gratificante ver sus logros y desde luego con la dedicatoria personal que me escribió mi hija mayor por el día de la madre me sentí extasiada. A mis hijas les encanta cogerme flores y, como le decía a otra mami hace poco, eso mola más que los ramos que te mandan por Interflora. 

Soy una madre habitualmente cansada. No me quejo de estarlo, simplemente lo constato y lo asumo. Y si me canso con dos puedo imaginarme el mérito las que tienen tres y cuatro criaturas –no conozco hoy en día gente que se embarque en la crianza de cinco hijos o no en mi entorno–. También lo imagino porque soy la mayor de una familia numerosa. Mi madre tuvo cinco, aunque no trabajaba fuera, pero lo de dentro es una tarea a veces ingrata y no remunerada. Cinco vástagos. Una locura y una proeza.


En mi caso ahora tengo, además, déficit de una vitamina y eso suma para cansarme más, pero me digo a mi misma que con 40 años y este ritmo de trabajo fuera y dentro de casa, nenas, estudiar, lo raro sería no estar cansada. Entonces sería una especia de super woman o una rara avis. Y nada de eso. Soy como casi todas las madres que conozco. Agotadas, estresadas y superadas por momentos, pero felices de vivir esta experiencia sinigual que te cambia la vida de forma radical.

lunes, 25 de abril de 2016

A vueltas con el armario (o la falta de profesionalidad) (por Ana)


Mucho me temo que así va a ser mi armario a este paso, de dibujo animado
Para que os lo voy a negar, llevo unos meses realmente estresantes... Bueno, en realidad llevo unos años realmente estresantes... o quizá me sería más fácil explicar que momento de mi vida no lo ha sido... Pero bueno, centrémonos, para hablar del asunto del armario solo necesito retrotraerme a unos meses atrás, tampoco vamos a hablar de mis problemas para dormir de bebé y lo nerviosa que era en el colé...

Como sabéis, soy un culo bastante inquieto, más por necesidad que por gusto, aunque mi madre está convencida de que es mi espíritu y mi esencia, no estar nunca conforme con las casas en las que vivo. Por una cosa o por otra, lo cierto es que en estos últimos 4 años me he cambiado de casa 5 veces. Pero, sin duda, esta última ha sido la peor de todas con diferencia, y lo sigue siendo.

Motivos por los que este cambio ha sido más duro que los otros:

1.- La nueva casa a la que me mudo no es para nada nueva, es MI CASA, la que me compré cuando tenía 23 años y la que llevo odiando desde los 24. Los vecinos, una serie de reformas en el edifico, goteras recurrentes, el poco tiempo que viví realmente en ella, hicieron que terminara cogiéndole mucha manía. Cuando finalmente decidí hace unos meses volver tras tenerla años y años alquilada, pensé que lo único que podía hacer que cogiera cariño al piso era hacerle una reforma integral...

2.- Las cosas se complicaron por la falta de profesionalidad del mundo de la reforma. Tuve que pedir presupuesto a varios contratistas que me habían recomendado amigos. La mayoría fueron muy majetes y serviciales, pero muchos de ellos tardaron como un mes en pasarme el presupuesto. El que antes me lo dio lo hizo en casi tres semanas, con los que los tiempos a mí se me iban acortando. Tenía que dejar el piso en el que vivía de alquiler al mes siguiente y ni siquiera tenía los presupuestos sobre la mesa. Juro que alguno alguno, tres meses después, ni me lo ha pasado, palabrita de girl scout... Como dicen en mi casa, ni está ni se le espera... No lo entiendo, de verdad... Todo el mundo me dice que esto es lo habitual, pero por más que intento pensar las razones (proveedores y demás) no me entra en la cabeza. Una semana... una y un poco... pero, ¿tres? ¿por qué? Si se trata de que empiecen cuanto antes para ellos mismos, para cobrar deprisa...

3.- Como yo pensaba irme en un mes, empecé a hacer cajas para que luego no se me acumulara todo. Al retrasarse el proceso, he vivido entre cajas en el antiguo piso como un mes y pico, un verdadero horror.

4. Mis últimas casas han sido enormes, con un montón de metros y ahora me marcho a una de 40. Todos mis muebles están pensados para espacios amplios, he acumulado posesiones a raudales y he tenido que deshacerme de muchísimas cosas. Lo intenté en Wallapop, pero a mí me ha dado un resultado horrendo. Lo del regateo nunca se me dio bien. Considero que si quiero regalar algo lo regalo, pero si le pongo un precio justo, pues ya está, lo quieres o no, pero no me tomes el pelo, ni me mareo, miles de mensajes para luego no volver a contestar aunque hayas conseguido la rebaja que pedías. Por ejemplo, un verdulero de aluminio, precioso, con tres bandejas, ruedas, etc, que a mí me costó 60 euros en una conocida cadena de cosas de bricolaje, lo subo pidiendo 5 euros... os juro que está nuevo y en las fotos se ve perfectamente... pues me escribían para decirme que si lo podía bajar... al portal lo  voy a bajar, no te jod***!!!! Así que decido que, puestos a regalar, lo dono a quien a mí me de la gana. Esta gestión la hice la semana antes de Semana Santa, llamé a varias ONGs y asociaciones... Pues todas me pusieron pegas para ir a ver lo que iba a donar, en algunas me pidieron que lo llevara yo y en otras me dijeron que con las vacaciones al lado no podían ir hasta el mes siguiente. La Semana Santa, como explicaré más abajo, es un punto de inflexión para este país. Debe ser el recogimiento y los momentos de oración, que nos abstraen. Al final he repartido entre familia, amigos, y el resto he llamado al Ayuntamiento para que se lo lleven...

5.- El día de la mudanza lo voy a pasar por alto porque para mí supuso todo un trauma. Y eso que la empresa me venía super recomendada. Solo os diré que terminé llorando y tomándome un lexatín, cosa que no hacía desde años atrás. ¿Sabéis esa sensación de ir haciéndoos chiquititos, chiquititos porque alguien te regaña continuamente? Pues eso.

6.- La obra no ha estado mal, en plazos y con gente maja... pero aún así, remates que quedan por hacer, chapuzas de las que no te das cuenta hasta que pasan unos días... El otro día fui a limpiar detrás de una puerta y me di cuenta de que no habían puesto el rodapié... Como había limpiado a toda prisa antes de la mudanza y luego no había cerrado la puerta, no lo había visto... cosas así varias... Por otro lado, todo lo que no dependía de los obreros propiamente dicho, es decir, cocina y puertas, se ha retrasado lo indecible. Y la excusa que me dan es que ha pillado la Semana Santa por medio. Como si la Semana Santa hubiera aparecido por generación espontánea, nadie supiera que estaba en el calendario y de repente... buummm... ¡aquí está para descabalar todos los planes de todos los humanos sobre la tierra!... o al menos sobre Madrid. Las fábricas de madera, para que lo tengáis en cuenta en vuestra vida, amiguitos, cierran TODA la semana, y todos los proyectos con fecha de entrega se retrasan. Pero vivimos en la crisis económica, no lo olvidemos.

7.- LO PEOR DE TODO: Al mismo tiempo que la obra, vamos, dos días después exactamente, encargué un armario semi empotrado, que va de pared a pared y de suelo a techo. Como podéis imaginar, un espacio tan pequeño como mi casa necesita un lugar de almacenaje potente porque va a ser casi exclusivamente el que va a haber en toda la casa. La obra acabó, la cocina con retraso fue instalada, las puertas que no llegaban porque estaban todos en la playa, llegaron... y el armario... el armario no... primero fue porque (¿adivináis?) les ha pillado el toro con la Semana Santa. Cuando me dan una fecha de entrega, la semana pasada, me vuelven a decir que han tenido un problema con el pedido... ¡¡¡mes y medio después!!! y que se va a retrasar aún más, hasta este jueves no lo tengo.  ¡Que la obra la acabaron en 20 días hace de esto 26 días!... por lo que se ve, hacer cuatro puñeteros tableros (que me perdone si hay algún armaritero en la sala, pero yo lo veo así) es más laborioso que tirar muros, cambiar toda la electricidad, quitar el gotelé y todo lo demás... vamos, ¡¡no me fastidies! Y yo llevo viviendo desde el día 1de abril rodeada de cajas, más el mes que estuve en la otra casa de la misma manera, y ya me he vuelto adicta a los lexatines, y la ropa la saco de maletas como puedo, y no puedo colocar las estanterías porque no sé dónde voy a colocar los muebles dependiendo de si me caben con el armario o no, y... y... y...y...y... arggggg!!!

De verdad, no entiendo lo de este país, que este tipo de servicios se preste de una manera tan desastrosa y que todo nos parezca normal. El otro día a una amiga la dejó plantada un fontanero. Sí, ella se fue del trabajo antes porque había quedado para que le arreglase la cisterna, y él no sólo no apareció, es que ni llamó, ni se ha vuelto a saber de él. El otro día encargué la comida de mi perro por internet, y, tras intentar de manera obsesiva que me dijeran cuándo me la iban a mandar sin obtener respuesta, se presentaron en mi portal un martes a las 12 y cuarto y me llamaron exigiéndome que les dijera a qué telefonillo podían llamar para dejárselo a un vecino. Cuando les digo que no, que me digan en qué horario me lo pueden traer, me dicen que de 9:30 a 18:00... vale, bien, una jornada laboral normal, super lógico todo. Les pido que me lo traigan al trabajo y me dicen que no, que yo he dado otra dirección y es lo que hay. Y todo así... Decidme, ¿es o no es para estar de los nervios?

Respecto al armario, ya os iré informando, porque no me creo nada de nada. Hoy, lunes, aún no me han llamado para decirme que se retrasan más, pero no dudéis que tienen tiempo de hacerlo de aquí al jueves.

martes, 19 de abril de 2016

Siete años de im-perfectas y yo con este culo (por Chelo)


Tenemos razones de sobra y de peso para calificar esta nuestra sociedad de falta total y absoluta de sentido común. Pero qué queréis que os diga, hoy no tengo ganas de entrar en debates sesudos ni en complicadas argumentaciones de por qué el mundo se nos viene encima y cuando miras a tu alrededor y ves el tipo de sociedad en el que nos vamos convirtiendo poco a poco, te dan ganas de llorar o de beber mucho.

Así que hoy vengo a sacar a la palestra una noticia tontaina que vi ayer y dice así: Llega el 'contouring' para el culo. ¿Y qué es el 'contouring' se preguntaran ustedes? Pues eso pensé yo. Contouring, en su acepción original, es darle forma a un área de la cara y resaltar las facciones a través del maquillaje. Pues parece que eso se pone ahora de moda, pero para el trasero. Como lo leéis. O bien me hago mayor y ya no soy capaz de entender estas moderneces o bien la tontería está llegando a límites insospechados.
Otra cosa, si el culo ese del video que acompaña la noticia necesita 'contouring' entonces definitivamente no hay duda, el mundo se acaba ¡y yo con este culo!
¿Te imaginas ir con el culo pintado a la piscina? Qué práctico, ¿ no? De verdad os digo: me parto y me troncho.

 Votemos ¿este culo masculino lleva 'contouring'?


Aniversario Im-perfecto

Esta semana es nuestro aniversario. Im-perfectas cumple 7 años. Nada más y nada menos que siete años publicando todo tipo de im-perfecciones. Todo empezó con una presentación rápida y míranos… 84 meses publicando, 500 entradas, más de 6.000 comentarios. Creo que hablo por las cuatro cuando digo que el blog, además de catarsis en algunos aspectos, nos ha valido para reflexionar el voz alta de temas variopintos, profundos, chorras, divertidos, tristes, ajenos y propios… y sobra decir que no siempre estamos de acuerdo con las líneas editoriales del resto y eso creo que enriquece el blog. Detrás de im-perfectas hay diversas formas de ver la vida, de vivirla, disparidad ante la religión y la política, encuentros y desacuerdos en todo tipo de temas. Si en algo somos ecuánimes es en el respeto máximo a la diversidad de opiniones. Bueno, en eso y que las cuatro somos periodistas de formación y espíritu.

¡Feliz aniversario chicas! Y gracias por uniros a este viaje.

jueves, 14 de abril de 2016

Aniversario irreprochable (por Isa)

Cruzó corriendo el puente y se perdió calle abajo. Llegaba tarde. Aborrecía ir con prisas y tener que esquivar a la gente que atestaba las aceras.  Sabía que ella no le perdonaría una impuntualidad. No para el cine. Y hoy no era el día para importunarla, sino justo lo contrario. Hoy era el día de ser un marido irreprochable.
Mientras esperaba inquieto a que cambiase de color el semáforo, volvió a olisquearse la camisa. ¿Olía a ella? No podía ser… pero sí, todo le olía a ella: el pelo, que minutos antes le había acariciado, el cuello que había sentido sus labios trémulos, la piel que transpiraba una mezcla de sudor y su perfume, los dedos, que había introducido febrilmente en su sexo, la boca que se había deleitado succionándola hasta el éxtasis… Tembló con una mezcla de pavor y regocijo íntimo mientras caminaba, nervioso, al encuentro de su mujer, consciente de que cualquier evidencia supondría una fisura por donde empezaría a resquebrajarse todo.
Llegó cinco minutos antes de la hora y suspiró aliviado. Le daba tiempo a entrar en el baño para una segunda revisión antes del momento crucial. Orinó con vehemencia y se limpió con cuidado una vez más usando un trocito de papel. Se lavó las manos concienzudamente, se peinó mojándose un poco el pelo, y se sintió mucho más fresco y presentable.
Estaba en la puerta del cine, apurando un pitillo, cuando la vió aparecer. Qué poco se parecía a María, tan alta, tan desgarbada, siempre caminando con los hombros volcados sobre su pecho desproporcionado. Le sonrió al reconocerle y no puedo evitar sentirse avergonzado por la cruel crítica mental que acababa de hacerle. La besó rutinariamente en los labios. Le olía el aliento a agrio, probablemente no había comido en horas. Desde hacía unos meses estaba obsesionada con su peso.
Apenas prestó atención a la película. Aprovechó las dos horas de oscuridad para reproducir a cámara lenta su último encuentro con María. Se habían citado para hablar, para decirse otra vez que no podía ser, que no debían seguir, pero de nuevo habían acabado enredados en estrujones, caricias y besos. La incontinencia les había arrastrado al coche de ella, pequeño y redondo, femenino, que había dejado aparcado a unos minutos del paraje donde habían quedado. Por suerte, a esas horas ya había anochecido y por allí no se veía ni un alma. 

Se habían desnudado a retazos a medida que iban necesitando degustar más centímetros de piel del otro y habían logrado consumar gracias a las dotes contorsionistas de ella y a la pericia de él para ubicar su centro del universo hasta en las condiciones menos propicias. El sudor de ambos se había condensado y el vapor empañaba las ventanas del vehículo, una circunstancia  que les protegía de las posibles miradas desde fuera.
Ya en casa, los fotogramas de su reunión clandestina seguían excitándole en secreto. Estaba poniéndose el pijama en su habitación, cuando la voz de su mujer le sacó de su ensimismamiento adolescente. “Llevas los calzoncillos del revés” le dijo.

domingo, 3 de abril de 2016

Hacia un consumo más sostenible (por Arantxa)

En enero el secador que me había prestado sus servicios durante 16 años murió y se me ocurrió repararlo. En su momento fue muy caro y el desperfecto no se debía a eso que llaman obsolescencia programada, sino a que el cable se había roto por el uso reiterado. Las artes de mis nenas también han tenido algo que ver. ¿Reparar un secador cuando por 30 euros los hay medianamente decentes? Algo que antes ni me planteaba. El caso es que no encontré donde arreglarlo, así que compré uno nuevo.

Esto que pretendía hacer antes de consumir entronca con un concepto relativamente nuevo, el de economía circular, algo de lo que hasta hace poco no había oído hablar. Tan sencillo como abogar, frente al sistema productivo lineal (de fabricación/producción, uso y desecho) por otro en el que los productos o servicios tienen nuevas vidas y son incorporados como recursos a la cadena de producción, sin llegar a convertirse en residuos. Hace unos meses tuve la oportunidad de entrevistar a varias personas que saben mucho de economía circular, gestión de residuos y reciclaje y me quedó claro que la economía circular ha llegado para quedarse. Como comentaba Michael Braungart, uno de los gurús de este nuevo modelo de desarrollo, "somos la única especie del planeta que malgasta sus recursos". Cualquier animal o planta es más listo o avezado que nosotros, como mínimo en ese sentido.

Todo esto, que parece un leiv motiv propio de hippies, idealistas o activistas de la ecología no es más que racionalizar el consumo y hacerlo sostenible. Y de nuevo, en cierto sentido, tiene poco, porque lo hemos conocido. En los 80 si se estropeaba la tele, antes de comprar otra, se llevaba a reparar. Vale que nuestros padres no estaban pensando en clave ecologista. De acuerdo en que no les movía el reducir las emisiones de CO2 ni disminuir la generación de  residuos y minimizar la contaminación ambiental. Entonces el reciclaje era un perfecto desconocido y la sostenibilidad no digamos. Se pensaba en clave ahorro, porque la generación de nuestros progenitores no es consumista o no abiertamente consumista, como sí lo son/somos, en clave general, las de los nacidos en los 70, 80 y 90.

Por lo que he leído, en España la tasas de consumo y consecuentemente las de generación de residuos se han reducido con la crisis y de hecho el mercado de la segunda mano ha crecido. El motivo fundamental ha sido el ahorro, ajustar el presupuesto doméstico para llegar a fin de mes. Y aunque parece que ahora estamos inmersos en una racha de crecimiento económico, el plus de ser ecológicos, sostenibles, respetuosos con un planeta al que maltratamos -especialmente desde el primer mundo- es imparable. Como consumidores está en nuestra mano alcanzar un modelo de consumo sostenible y racional. El planeta y nuestro bolsillo nos lo agradecerán.

miércoles, 16 de marzo de 2016

Conciliación para todos (por Ana)


No tengo hijos, pero tengo una vida que quiero vivir. A esa conclusión llegué el domingo pasado viendo el programa “Salvados” de Jordi Évole… Bueno, reconozco que sólo pude ver como 20 minutos porque el cabreo que iba adueñándose de mis entrañas me impidió quedarme delante de la tele. Comprobar como en otros países el tema de la conciliación es una realidad mientras que en España seguimos como hace años me hace hervir la sangre.


He dicho que fue el programa el que me llevó a la conclusión con la que abría el post, pero no es verdad, es algo que pienso desde siempre, y más aún desde que hace unos años la vida me demostró que sólo es una y que las prioridades para mí no son ganar mucho dinero trabajando a destajo para luego no tener tiempo de gastarlo. Para mí, lo importante es tener el presupuesto suficiente cada mes para cubrir las necesidades básicas de casa y comida y poder contar con algo más para poder vivir como quiero, que no es viajar a todo tren ni comprarme joyas caras, simplemente quiero poder tomarme unas cañas con los amigos y poder ir al cine de vez en cuando con una cena en buena compañía a continuación. No pido más. Pero es que, hoy en día, hay que trabajar a destajo solo para poder sobrevivir y eso es un infierno.


Ese es mi plan de vida y por ello no quiero trabajar ocho horas en horario partido que se convierten en diez ya que vivo en una ciudad enorme en la que, para desplazarme, necesito medios de transporte que por regla general funcionan como el culo… y aunque funcionasen bien, mi trabajo puede encontrarse tan lejos de mi casa que necesito horas para llegar de un lugar a otro. Pero es lo que hay. Ahora mismo estoy en un entorno laboral en el que me encuentro a gusto, cómoda, y que sé que dispone de unos horarios estupendos comparados con la media, pero aún así se me está haciendo muy complicado todo. Entro a trabajar a las 9 y tengo dos horas para comer. Salgo a las 6 y media con lo que no llego a mi casa hasta las siete y media. Cuando abro la puerta me espera lo que a todos: limpieza, lavadoras, planchas, compras, hacerme la cena y la comida del día siguiente… sacar al perro, ducha y a la cama derrotada… Y eso no es vida, no lo es. Al menos para mí.


A todo ello hay que añadir que trabajo con redes sociales. Y tengo que estar en la oficina. Las 8 horas los 5 días laborables de la semana. Hay días que me pongo los cascos para oír música y ni siquiera hablo con nadie hasta la hora de la comida. ¿No podría realizar este trabajo desde mi casa? ¿Eso no ahorraría energía y gastos a mi empresa? ¿No estaríamos mi perro y yo más felices aunque no le hiciera mucho caso? ¿Qué se gana con que yo esté calentando una silla, gastando agua y luz de un lugar de trabajo si puedo hacerlo todo con una línea de ordenador y de teléfono? ¿Vamos a seguir mucho tiempo negando los beneficios que puede aportar la tecnología en el desarrollo de las actividades laborales?

Mi opinión es que todos, absolutamente todos, tenemos derecho a la conciliación. Que el problema no es que unos seamos padres y otros no, que la reivindicación va más allá de todo esto. Lo que hay que exigir son horarios lógicos que generen una productividad acorde con las exigencias del trabajo. Si yo entrara a las 8 y saliera a las 3, os puedo asegurar que sería mucho más productiva que ahora, perdería mucho menos el tiempo y mi trabajo estaría hecho perfectamente. Otro asunto es el teletrabajo, poder trabajar desde casa cuando la labora a realizar así lo permita. Desde mi punto de vista eso no sólo redundaría en mayor felicidad para el trabajador. Estoy segura que habría mucho menos bajas por ansiedad, depresión, dolor de espalda, de cabeza. Muchísimo menos gasto en medicación, por ejemplo. No entiendo como esto no está estudiado aún y, si lo está, como nadie hace casos a esos datos.


Resumiendo mi punto de vista, único y exclusivo mío, uno de los problemas principales es la falta de unión entre los trabajadores a la hora de hacer reivindicaciones donde pueden hacerla, en su propia empresa. Es más fácil criticarnos entre nosotros que a los jefes o la organización estatal. Así que unámonos y exijamos lo más importante que podemos exigir: QUEREMOS VIVIR.