“No debería uno contar nunca
nada (…) Contar es casi siempre un regalo, incluso cuando lleva e inyecta
veneno el cuento, también es un vínculo y otorgar confianza, y rara es la
confianza que antes o después no se traiciona”. Con esas líneas magistrales arranca la primera de las novelas
de la trilogía de Javier Marías “Tu rostro mañana”.
He reflexionado mucho
sobre estas palabras, tras leer los tres libros, y llevaba meses con la idea de
escribir una entrada sobre el arte de saber guardar un secreto rondándome,
hasta que ayer hablando con una amiga saltó la alarma y decidí que hoy
publicaba sobre el tema.
Soy una persona extremadamente charlatana, parlanchina, una cotorra vaya. Habladora extrema, de las que solo se callan debajo del agua, ahí sí. Pero en mi caso puedo afirmar que los secretos que me confían no salen de mi boca. Ni por descuido. Puedo pasarme horas hablando de los temas más variopintos o de mi, pero no contando intimidades ajenas. Si se me pregunta, contesto con el manido “no sé”, aunque sepa. Y han sido muchas las veces que me han inquirido sobre las vidas de otros, suponiendo, con acierto, que yo disponía de más información jugosa del tema, y me hago la tonta a la perfección. No cuela, soy consciente, pero me cierro en banda.
Soy una persona extremadamente charlatana, parlanchina, una cotorra vaya. Habladora extrema, de las que solo se callan debajo del agua, ahí sí. Pero en mi caso puedo afirmar que los secretos que me confían no salen de mi boca. Ni por descuido. Puedo pasarme horas hablando de los temas más variopintos o de mi, pero no contando intimidades ajenas. Si se me pregunta, contesto con el manido “no sé”, aunque sepa. Y han sido muchas las veces que me han inquirido sobre las vidas de otros, suponiendo, con acierto, que yo disponía de más información jugosa del tema, y me hago la tonta a la perfección. No cuela, soy consciente, pero me cierro en banda.
Que alimenten su morbo con otros, no
conmigo. Porque lo cierto es que mucha gente no sabe guardar un secreto. Por indiscreción,
por inconsciencia o por puro chismorreo. No digo que obren con maldad, pero me
parece algo gravísimo. Si le confío parte de mi intimidad a alguien, que no
sepa salvaguardarla es una deslealtad, una traición, como dice Marías. Bien es
cierto que no todos entendemos lo mismo por intimidad, pero eso daría para otra
entrada.
De hecho creo que si hay personas (no sólo las amigas íntimas) que me han confiado o me confían
parte de sus cuitas más privadas es porque entienden que no se lo revelaré a nadie. Y a la inversa. Saber callar es una virtud de la que puedo presumir. En caso de necesidad imperiosa de
hablar de un asunto privado, una preocupación, una zozobra, es muy importante saber en quien se puede depositar
esa confianza. Yo misma, con los años me he vuelto muy selectiva a la hora de hablar de mi vida privada.
A propósito de lo que os cuento, otra amiga a la que no citaré, obviamente, siempre
me reitera que lo mejor es no hablar nunca de aquello que no queremos que llegue a saberse más allá del depositario de la confidencia. En definitiva, que hay cosas que no se
cuentan. Como reza el refrán, se es esclavo de las palabras y dueño de
los silencios. Porque una vez dicho, ya hay riesgo de que aquello que se
quiere mantener en secreto o en la intimidad pase a ser menos privado y bastante
más público. Y en ocasiones las consecuencias, además de inevitables, pueden ser funestas
(no dejéis de leer “Corazón tan blanco”, de Javier Marías, y entenderéis mejor que quiero decir).

Pues es una gran virtud la que tienes :D
ResponderEliminarLa gente que me rodea es buena guardadora de secretos, es algo que he agradecido siempre, creo que es algo fundamental en una relación de confianza, saber que lo que le cuentas a esa persona se lo cuentas a ella y que no irá rodando por ahí de oreja en oreja.
Ender, pues yo creo que me rodea gente de toda clase, y por eso soy selectiva. Y no digo que el indiscreto sea mala persona, pero no comparto el adjetivo. Ya que hay gente que no puede callar lo propio (personas que incluso sin tener confianza contigo te hablan de su vida sexual, poro poner un ejemplo) ni lo ajeno a esas personas, como dice mi hermana, no debe contárseles nada.
EliminarPues te entiendo, y ojalá todo el mundo fuera como tú. Mi marido dice, y con toda la razón del mundo, que si no quiero que algo se sepa, no se lo cuente a NADIE. Triste, pero asi es.
ResponderEliminarYo soy tajante como tú, no cuento nada, pero no sé por qué a la gente le resulta tan difícil hacer lo mismo.
Está claro que la mejor forma de que algo no llegue a saberse es no contarlo. Pero una vez que se ha contado, ahí debe quedarse, ¿no? Entre el que relata y el que es escucha. Reconozco que en mi caso mi madre ha sido muy pesada con eso y estamos todos los hermanos cortados por el mismo patrón.
EliminarMi comentario va a ser políticamente incorrecto y nefasto para mi imagen, pero yo no guardo bien los secretos, lo siento. Podría hacer como hace el 90% de la gente que conozco, que se tira el pisto diciendo que sí, que ellos son herméticos, que puedes confiar en su persona, y luego son igual que yo (no digo que sea vuestro caso, ni el de Arantxa ni el de los que comentéis que sois una tumba) pero prefiero ser sincera. Yo guardo secretos tremendamente importantes, confidencias vitales, historias que marcan o han marcado a la persona que me lo cuenta, pero tengo que reconocer que me cuesta mucho callarme cuando son cotilleos que no llevan a ninguna parte, historias cotidianas que todos engrandecemos pero que en realidad no tienen mucha importancia... Me explico: si alguien me dice que se está divorciando, que odia a su madre o que su hijo tiene un problema de salud, eso permanecerá en mi interior por siempre jamás, no sería capaz de hablar de ello absolutamente con nadie. Pero si la historia es que menganita se ha enfadado con zutanita o que alguien se ha enterado de que la nueva incorporación es un enchufe, pero por dios, por dios, no se lo digas a nadie, yo lo intentaré, de verdad, pero me cuesta tener la boquita cerrada. Y como me conozco y veo lo que hace la mayoría de la gente que me rodea, cuento más bien poco de mi vida, solo a personas muy seleccionadas, y solo aquello que en el fondo no me importa que se sepa... Como dicen por ahí, si no quieres que algo se sepa, no lo cuentes...
ResponderEliminarEstá claro que si no fuera así no habría escrito la entrada. A mi, como a casi todos, me han contado historias de lo más rocambolescas, serias, vitales, importantes, como comentas, y en ese punto veo que coincides. Pero es que incluso con los cotilleos me "reprimo".
EliminarEn mi trabajo soy de las personas que menos juego da en ese sentido, tengo fama de discreta, de estar currando y a lo mío. Y esto da lugar a que, como me ven así, algún compañero o compañera un día me comenta algo un poco más privado. Y no sale, ahí se queda. Incluso aunque no me pidan que no lo diga, sé que debo callarlo. En mi caso tiene mucho que ver la educación que nos han dado. "Con lo poco que cuesta estar callado"... En general, me aplico la frase. Y sí, si callas lo que sea nunca se sabrá.
Nunca me han gustado los cotilleos... No le veo la gracia a los chismorreos sobre los demás, no me divierte hablar de las miserias ajenas... no porque crea que es más o menos ético, si no porque no me gusta. Soy así.
ResponderEliminarSi alguien me dice que no cuente algo y me confía el secreto no lo cuento -aunque sea una chorrada- salvo sí creo que la situación requiere quebrantar el silencio.
Valoro la misma discreción entre los que me rodean, pero tampoco me vuelve loca... entre otras cosas porque no suelo contar a nadie lo que no quiero que nadie sepa y en parte porque cuando cuento algo es para desahogarme y recibir un feed-back de la otra persona. Eso es lo que más valoro: el feed-back de la otra persona, más que su sagrada discreción, y eso es lo que me empuja a contarle las cosas a unas personas y no a otras.
Parto de la base de que lo que para unos puede ser una chorrada para otros quizás no. Si cuento algo y pido que no se diga, ne gusta pensar que se va a respetar, aunque a la otra parte le parezca algo incluso nimio. Porque esa chorrada a lo mejor me ha ocasionado sufrimiento, o una mala noche, o tensión, por tanto ya no lo es tanto.
EliminarY valoro ambas cosas: la discrección y el feed-back. Hay gente a la que no se le pueden contar según que cosas, porque ponen el grito en el cielo y como no quiero que me revienten los tímpanos me callo. Evidentemente, si esa persona te guarda el secreto, pero no va a ser capaz de ponerse en tu piel, de mostrar un mínimo de comprensión y apoyo, no vale la pena hablar.
Ciertamente saber guardar un secreto, confidencias o intimidades es muy importante, y creo que es básico para que los amigos pueden confiar en nosotros y abrirse lo máximo siendo ellos mismo. De todo me quedo con lo de que "lo que no quieres que se sepa no lo cuentes", eso es un consejo que me dieron hace años y desde entonces lo llevo al pie de la letra, eso además de haber aprendido a elegir bien a la gente a la que le cuento mis secretos, pero así con todo, algunos de ellos son solo míos...
ResponderEliminarSaludos.
Katrina, esa frase es una verdad como un templo. Y elegir bien a esas personas es fundamental.
EliminarA lo largo de los años he aprendido no sólo a guardar secretos, sino también a no contar según qué cosas a según qué personas,pues varias veces que me he decidido a contar algo mío me he llevado otras tantas decepciones. Sólo un par de personas se puede decir que tienen mi total confianza y, aún así...
ResponderEliminarSunny, desde pequeña guardo bien los secretos, lo típico de cuando una amiga te decía que le gustaba un chico. Lo segundo lo he aprendido observando... si hay gente que te cuenta según que cosas de otras personas, imagina que no contarán de ti. Hay muy poca gente de mi absoluta confianza para estos temas, y es mejor así.
EliminarSi es que hay cosas que nunca nunca nunca deberían contarse. O solo a una o dos personas. Pero incluso así, hay cosas que es mejor guardarse, al interlocutor igual no le aportan nada y le ocasionan más de un dolor de cabeza o te empieza a ver de otra manera. Lo dicho, a callar.
ResponderEliminarAnónima
Es cierto que a veces te cuentan cosas que impactan, sorprenden, dan que pensar o incluso resultan desagradables, pero si la persona necesita desahogarse y recurre a ti, y si además escucándole le o la ayudas... es bueno, no?
EliminarSi me cuentan una confidencia, no la cuento, no me planteo lo contrario. Incluso como se ha comentado ya, si yo creo (aunque no me lo indiquen) que el tema es delicado o personal y a mi no me gustaría que se contara, no lo cuento.
ResponderEliminarTotalemente de acuerdo. No hace falta que me pidan que no lo cuente, para que no lo haga.
EliminarMuy bonito Aran, la verdad que yo siempre confío en ti por que se que no vas a decir nada, se que me das tu consejo y también se que sabes guardar bien un secreto :)
ResponderEliminarEs recíproco. Los guardo bien, tengo el almacén casi lleno, ja, ja.
EliminarEs una gran virtud esa que tienes. Cuídala!!! ¿Qué más da si no cuela y el resto de la gente sabe que, aunque lo niegues, tú sabes más que lo que cuentas? Lo importante es saber no traicionar la confianza que alguien ha depositado en ti. Un besote.
ResponderEliminarSí, desde luego no importa que no cuela, que sepan que sé. Un beso.
ResponderEliminares muy bueno lo que dices, prefiero no hablar de nada, a hablar de lo que me han confiado sinceramente, puedo preguntarte algo? que significa tu nombre y que origen tiene?, no te asustes solo quiero saber, porque me ando muriendo por una persona que se llama igual que tu, creo que lo sabe, vio venir eso y me alejo pero antes la amaba ahora parece que tambien me he obsecionado, y es horrendo sentirme asi por una persona de la que no se nada y parecen no importarle mis sentimientos, estoy muy confundido jonathan
ResponderEliminar